El truco es desear sin apego

Muchas veces se nos sugiere que no deseemos. “El deseo es la fuente del sufrimiento” es una frase que con frecuencia se le atribuye a Buda. Creo, sin embargo, que estos consejos señalan realmente al apego como la fuente del sufrimiento, no al deseo.

Desear es maravilloso. Es la fuerza que pone en marcha al universo. Es la semilla del cambio, la transformación y la evolución.

El problema aparece cuando nos apegamos a lo que deseamos. Entonces nuestros deseos se convierten en exigencias, y esto trae sufrimiento. De hecho, esa es la definición de apego. Sabes que estás apegado a algo si su ausencia te causa sufrimiento.

Es maravilloso desear el cuerpo de tu pareja si estás en una relación. Pero si exiges tener el cuerpo de tu pareja, si te enfadas y te ofuscas cuando no lo tienes, tu relación de pareja se convertirá en una fuente de sufrimiento. De eso puedes estar seguro.

Lo mismo vale para tu relación con el universo y contigo mismo.

El truco es desear sin apego.

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Deja ir las costumbres obsoletas

Trabajo como corrector de estilo y estoy revisando un libro de Edgar Payares, un amigo muy querido. Me encontré allí con una historia que me encantó:

Una niña vio a su mamá que cortaba la cabeza de un pescado y luego le cortaba la cola, y lo metía dentro de un sartén con aceite caliente para freírlo. La niña le preguntó a su mamá para qué cortaba esas dos partes. Su madre lo pensó un momento y le dijo: “No lo sé, así me lo enseñó tu abuela, ve y pregúntale a ella por qué lo hacía así y luego me dices”. La niña fue entonces con la abuela y le preguntó el motivo de tal acción y la abuela se quedó viéndola y le dijo: “No lo sé, así vi que lo hacía mi mamá y así lo aprendí, pero ve a preguntarle a ella por qué”. La niña fue entonces con su bisabuela y le hizo la misma pregunta. La bisabuela se quedó viéndola y le dijo: “No sé por qué tu abuelita y tu mamá lo hacen, pero yo lo hacía porque tenía un sartén muy pequeño y no cabía completo el pescado, por eso tenía que cortarle la cabeza y la cola”.

Otro ejemplo fascinante tiene que ver con un experimento realizado con monos. Creo que es un experimento cruel, pero deja una enseñanza muy valiosa. Se encerró a varios monos en una jaula y en un recipiente sobre una escalera se pusieron bananos. La escalera estaba electrificada, de manera que al tratar de tomar los bananos, los monos recibían una descarga eléctrica. En consecuencia, los monos aprendieron que no podían tomar esos bananos. Lo interesante del experimento es que fueron sacando de la jaula a los monos iniciales y fueron ingresando monos nuevos. Los monos nuevos aprendieron que no podían subir por la escalera, porque cuando se acercaban, los monos antiguos les gritaban y los alejaban. Después de un tiempo, se quitó la electricidad de la escalera, pero como los monos ya habían aprendido de la experiencia inicial, no volvieron a tratar de comer los bananos. Con el tiempo, no quedó ninguno de los monos originales, y, a pesar de que la escalera ya no tenía electricidad, ninguno de los monos nuevos trataba de comer las bananas y todos les enseñaban a los que iban ingresando que no debían acercarse a la escalera.

Hay muchas creencias y costumbres que cargamos sin saber por qué. Y algunas de ellas nos limitan. Tal vez en un comienzo fueron útiles para nuestros antepasados o para nosotros mismos. Ahora, sin embargo, vale la pena preguntar por qué lo estamos haciendo así. Tal vez las cosas hayan cambiado y esas creencias y comportamientos se hayan vuelto obsoletos. Tal vez no tenemos por qué perder tiempo cortándo la cabeza y la cola del pescado (es solo un ejemplo, soy vegetariano).

Foto tomada de la cuenta de Instagram de @milkywayshooters.

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¿Por qué lees el horóscopo?

A muchos nos gusta leer horóscopos, que nos lean el tarot, que nos lean el té. O simplemente que nos digan qué hacer. En mi caso personal, reconozco que la mayoría de las veces, cuando busco una respuesta en algo externo a mí es porque quiero evadir la responsabilidad de tomar una decisión.

¿Sigo o no sigo en este trabajo? ¿Hablo o guardo silencio? ¿Me arriesgo? ¿Es ese mi camino? Es difícil decidir. Si decido yo y las cosas salen mal, será solo mi responsabilidad. En cambio, si me lo dijo alguien más, un vidente, un periódico, entonces ya es culpa del universo. Yo solo confié en lo que me dijeron. No tengo por qué sentirme responsable.

No es este el caso siempre. Creo que el universo nos da señales de diferentes maneras. Una canción. Una conversación. Un artículo en internet. Una sonrisa en un ascensor en el momento justo. O un horóscopo, puede ser.

La pregunta es, ¿estás siguiendo a tu corazón, estás conectado con el flujo de la vida al seguir esas señales, o simplemente estás buscando alguien que te diga qué hacer porque es lo más cómodo? Solo tú sabes. Si buscas compulsivamente afuera de ti, lo más probable es que no quieras asumir responsabilidad. Me pasa con frecuencia.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de mindz.eye.

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Eso me dolió

Decirnos esto a nosotros mismos requiere madurez. Decírselo a otras personas requiere de gran vulnerabilidad y, por tanto, de gran valentía. En muchas ocasiones es el primer paso para sanar algo en nuestro interior.

Si alguien me dice que soy una araña, así sea mi mejor amigo, mi pareja o alguien a quien respeto mucho, pensaré que está bromeando o que se ha vuelto loco. Pero no me dolerá como crítica. No me hará sentir inseguro. No tengo dudas de que no soy una araña.

Si alguien me dice algo y me siento atacado o inseguro, si me duele, es porque está tocando una parte de mi ego. Es, entonces, un regalo. Me muestra un aspecto de mí que puedo sanar.

No importa si la crítica es verdad. Si me duele, hay algo que puedo sanar. Tal vez es una inseguridad. Una parte de mí que teme no ser lo suficientemente bueno. Una necesidad de aprobación. Una falta de amor propio.

Si te duele, no te quedes solo con el dolor. Abre el regalo. Pero para esto, claro está, lo primero es ser capaces de decir “eso me dolió”.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de mesmerizing.nature.

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Háblanos del amor

Uno de mis poemas favoritos y que al mismo tiempo es una de las reflexiones más profundas que conozco sobre el amor se encuentra en el El Profeta, del poeta libanés Kahlil Gibran. Se trata del primer poema del libro, que se titula Háblanos del amor. Te invito a dejar entrar las palabras en tu corazón, sin importar si estás solo o en una relación:

Entonces dijo Almitra: Háblanos del amor.
Y Al-Mustafá alzó la cabeza y miró a la multitud,
y un silencio cayó sobre todos, y con fuerte voz, dijo él:
Cuando el amor os llame, seguidle,
aunque sus caminos sean escabrosos y escarpados.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos a él,
aunque la espada oculta en su plumaje pueda heriros.
Y cuando os hable, creedle,
aunque su voz pueda despedazar vuestros sueños
como el viento del norte convierte el jardín en hojarasca.
Porque así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os agranda, también os poda.
Así como sube hasta vuestras copas y acaricia vuestras
más frágiles ramas que tiemblan al sol,
también descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá
en su arraigo en la tierra.
Como gavillas de maíz, os aprieta dentro de sí mismo.
Os apalea hasta dejaros desnudos.
Os trilla para liberaros de vuestra cáscara.
Os muele hasta dejaros blancos.
Os amasa hasta dejaros dóciles;
y luego, os destina a su fuego sagrado, y os transforma
en pan sacro para el banquete divino.
Todas estas cosas hará el amor por vosotros para que podáis
conocer los secretos de vuestro corazón,
y con este conocimiento lleguéis a ser
un fragmento del corazón de la vida.
Pero si en vuestro temor sólo buscáis la paz del amor
y el placer del amor,
entonces más vale que cubráis vuestra desnudez
y salgáis de las trillas del amor,
para que entréis en un mundo carente de estaciones,
donde reiréis, pero no todas vuestras risas,
y lloraréis, pero no todas vuestras lágrimas.

***

El amor solo da de sí mismo y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee y no se deja poseer.
Porque el amor se basta a sí mismo.
Cuando améis, no debéis decir "Dios está en mi corazón",
sino "estoy en el corazón de Dios".
Y no penséis que podréis dirigir el curso del amor,
porque el amor, si os haya dignos,
dirigirá vuestro curso.
El amor no tiene otro deseo que el de alcanzar su plenitud.
Pero si amáis y habéis de tener deseos, que estos sean así:
De diluiros en el amor y ser como un arroyo que canta
su melodía a la noche.
De conocer el dolor de sentir demasiada ternura.
De ser herido por la comprensión que tienes del amor;
y de sangrar de buena gana y alegremente.
De despertarse al alba con un corazón alado y
dar gracias por otra jornada de amor;
de descansar al mediodía y meditar sobre el éxtasis del amor;
de volver a casa al crepúsculo con gratitud,
y luego dormirse con una plegaria en el corazón por
el bienamado, y con un canto de alabanza en los labios.
 

Tomé la traducción del libro de Osho que lleva el mismo nombre del poema y de esta entrada en el blog.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de thelightninja.

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Víctima o creador

En mi cuenta de Twitter compartí el siguiente mensaje:

Puedes salir de tus propias tormentas, son tu creación.

Alguien respondió:

Esto sí que apabuya.

Después de pensarlo un poco, respondí lo siguiente:

Asumir responsabilidad por lo que creamos da miedo. Es más cómodo sentir y creer que las cosas nos pasan. Sentir que somos víctimas. Pero para madurar debemos asumir responsabilidad y pasar de ser víctimas a ser creadores.

Esto es parte normal del crecimiento personal. Da miedo. Pero vale la pena asumir responsabilidad. ¿Qué quieres elegir, ser víctima o ser creador?

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Milkyway Shooters.

¿Ojo por ojo?

En Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsh, Dios dice que Hitler fue al Cielo. Y que toda persona, sin importar lo que haga, estará en el Cielo. Es una idea que suele generar gran resistencia. ¿Por qué?

Porque uno de los impulsos más básicos del ego es la necesidad de castigo y de venganza. Esta es la idea de que al ladrón se le deben cortar las manos y de que el asesino debe ser asesinado. Ojo por ojo.

En el plano espiritual, estas ideas se manifiestan como la creencia en el infierno y en el karma. Si viviste bien, serás premiado. Si te portaste mal, serás castigado. Si en una vida pasada abusaste de otros, en una vida posterior abusarán de ti.

¿Y si el asesino fuera recibido con los brazos abiertos siempre en el corazón de Dios? “Imposible”, dice el ego.

Desde el punto de vista del ego, la parábola del hijo pródigo no tiene sentido: un hijo se va y despilfarra todas las riquezas que le dio su padre, pero cuando regresa no recibe un castigo sino una fiesta en su honor. Al ego esa idea le parece injusta, pues cree que el amor de Dios es algo que tiene condiciones: se puede perder y si se pierde hay que pagar para recuperarlo.

La enseñanza de la parábola del hijo pródigo es que el amor de Dios no tiene condiciones. Podemos perderlo de vista, pero nunca nos será negado si volvemos nuestros ojos a Él. En realidad, el Amor no puede perderse jamás, pues el Amor es lo que somos y siempre seremos, sin importar las locuras que creamos hacer en el sueño en el que nos encontramos.

Solo tenemos que decidir regresar a nuestro padre y aquí está, justo en ese momento, la fiesta de recibida, sin ningún pago previo, sin ninguna penitencia.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Matt DeLuca.

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Silencio

Tratar de apagar el ruido de la mente a través de palabras y pensamientos es, obviamente, como tratar de apagar un incendio con gasolina.

El silencio llega cuando nos permitimos parar adentro de nosotros. No es algo externo.

Esta frase del maestro vietnamita Thich Nhat Nahn me parece un hermoso recordatorio:

“Silencio es algo que viene del corazón, no de afuera. Silencio no significa no hablar ni hacer nada; significa que tú no eres perturbado en tu interior. Si estás realmente en silencio, entonces no importa en qué situación te encuentres: puedes disfrutar del silencio.”

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Fidi Fedol.

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¿Qué hacer cuando me duelen las críticas?

Hay muchas clases de críticas. Algunas, las de aquellos que claramente no nos entendieron o no están en sintonía con nosotros, hay que aprender a dejarlas pasar. Igual sucede con el troll en redes sociales que calma sus ansiedades despotricando contra lo primero que ve.

Sin embargo, hay otro tipo de críticas que son muy valiosas. Esas son las que pedimos. Versan sobre esos temas que son importantes para nosotros y con respecto a los cuales esperamos que ciertas personas sean honestas con nosotros. Cuando hago una exposición en el salón de clase, realmente quiero saber qué piensa mi profesor sobre ella. También quiero saber si mi pareja me percibe como un buen amante y si considera que soy cariñoso, agradable y detallista. Si me he esmerado en mi trabajo, normalmente querré saber qué piensa mi jefe o mi equipo.

Cuando recibimos críticas en esos temas sensibles por parte de personas relevantes para nosotros, duele, y a veces duele mucho. A veces duele tanto que nos cerramos y no recibimos el regalo oculto en la crítica. Nos volvemos como niños pequeños. “Quiero saber lo que piensas”. “Pero te odiaré si no piensas lo que yo quiero”.

En esos momentos, lo primero que debemos hacer es ser honestos con nosotros mismos y reconocer que estamos haciendo una pataleta. Reconocer que nos dolió, que nos dio tristeza, que nos dio rabia.

Luego de ser honestos con nosotros mismos, y de reconocer y permitirnos sentir las emociones que nos acompañan, ayuda mucho si podemos ser vulnerables con los demás. Ayuda si le dejamos saber a la otra persona que su crítica nos dolió. Este paso requiere gran madurez. No se trata de un reclamo para vengarnos por el dolor que nos causaron, se trata de abrir nuestro corazón para reconectarnos con esa persona y permitirle darnos su retroalimentación al nivel más profundo.

Si no podemos ser vulnerables o no es apropiado en el momento (tal vez el ayudante del cirujano no deba hablar de sus sentimientos en medio de un procedimiento de alto riesgo luego de recibir una crítica), sirve abrir el corazón y tener la intención genuina de sanar nuestra sensación de separación con respecto a esa persona. Una intención genuina es mucho más poderosa de lo que imaginamos.

Después, viene bien asumir responsabilidad por lo que vemos en el espejo. Si mi profesor, mis alumnos, mis hijos, mi pareja, mi compañero del grupo espiritual, mi jefe o mis colegas en el trabajo piensan que estoy haciendo algo mal, vale la pena mirar profundo dentro de mí y estar abierto a la posibilidad de que tengan razón, así mi ego se retuerza. De hecho, si el ego se retuerce es señal de que probablemente tienen razón en algo.

El paso final es abrirnos a recibir el regalo de la crítica. Permitir que nos cambie, que nos haga mejores. Eso es lo que queremos: crecer.

Podemos saber que hemos recibido la crítica con madurez cuando continuamos dando lo mejor de nosotros, no solo a pesar de ella, sino gracias a ella. El niño pequeño e inmaduro dice: “Si no te gusta lo que doy, pues no te doy más”. En cambio, desde la madurez podemos responder: “Gracias por ayudarme a crecer. Aquí tienes un poco más de lo que doy, pero mejorado por tus críticas”.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Zach Doehler.

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El juego de los espejos

Cuando algo no me gusta de otra persona, qué cómodo es señalar con el dedo, qué fácil es sentirme separado de aquello juzgo.

“Ellos son el problema”. “Si cambiaran, todo estaría bien”. Con base en esas ideas, luchamos por cambiar a los demás. Tratamos de convencerlos de que están equivocados y a veces los forzamos a hacer las cosas de manera diferente. Con base en esas ideas vamos a la guerra. A veces, son esas ideas las que nos motivan a cambiar de pareja o de trabajo.

Qué difícil es reconocer que aquello que juzgamos en los demás es un reflejo de nuestro interior. Qué difícil es hacernos responsables por eso que vemos afuera. “¡Pero yo nunca haría eso, yo soy mejor, el problema es el otro, no yo!”, responde el ego.

¿Y si esto fuera un juego de espejos? ¿Y si los demás nos reflejaran aquello que tenemos en nuestro interior? Está bien tratar de cambiar nuestro entorno. Pero ten en cuenta que, mientras nuestro interior no cambie, lo que que sea que construyamos, donde quiera que vayamos, seguiremos viendo eso reflejado afuera.

De ahí la invitación a que tomemos responsabilidad. Eso que no me gusta del mundo, eso soy. Aquello que no me gusta en ti lo cambio en mí.

Y tus hermanos no solo reflejan lo que no te gusta. Aquello que amas, aquello que aprecias y admiras, también está en ti. Por eso: gracias a mis espejos por mostrarme lo que llevo adentro. Gracias por mostrarme mi belleza y gracias por mostrarme aquello que aún no he sanado.

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