Contempla la luz que tienes para dar

Sabes más de lo que crees. De hecho, en el fondo lo sabes todo. Lo único que puede hacer un maestro espiritual es ayudarte a recordar. Como Sócrates, que se consideraba a sí mismo como una partera. Su labor no era darles a los demás conocimiento, sino ayudarles a que dieran a luz el conocimiento que ya moraba en ellos.

Puedes decidir sacar la luz que tienes dentro y compartirla con el mundo. Todos necesitamos de ti, de lo que puedes dar. Creer que no tienes nada para dar es solo un estratagema para evitar la incomodidad de exponerte, de brillar.

Exponer nuestra luz se siente como un riesgo, aunque en realidad no pueda pasarnos nada. Lo único que se ve amenazado es la imagen falsa que hemos forjado de nosotros mismos. Nuestro ego. Pues contruimos nuestro ego a partir de lo que creemos que los demás creen de nosotros. Y es claro que esas creencias van a cambiar cuando decidamos compartir nuestra luz, nuestro talento.

«Pero no tengo nada para dar todavía», dice el ego. Esto es un truco. Tal vez más honesto sería decir: «Tengo miedo a perder mi imagen». Si tienes miedo (y todos lo tenemos), comienza por ser honesta al respecto. Es parte de la experiencia humana. No hay por qué castigarnos por ello. Pero no creas que no tienes nada valioso para compartir. No te convenzas de esa mentira solo para evitar ver tu miedo.

Si no te sientes lista para atravezar tu miedo, está bien. No es necesario empujarte de manera agresiva a hacer aquello que temes. Pero te invito a que vayas con mayor frecuencia a tu interior y contemples toda esa luz que tienes para dar. El contacto permanente con esa luz, con ese amor, ayudará a que el miedo se disuelva de forma gentil. Será evidente para ti que tienes mucho para dar, y que en realidad no vas a perder nada si lo compartes; por el contrario, vas a ganar mucho, pues recibes lo que das a los demás. Y es que en realidad siempre te estás dando a ti misma. Por tanto, verás crecer tu luz a medida que la compartas.

person-802075_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Puedes comenzar ya, en este lugar

Cuando una habitación está muy desordenada, a veces aplazamos comenzar a ordenarla porque no sabemos por dóndé empezar. Demasiadas opciones para escoger.

La verdad es que por dónde empecemos es secundario. Lo realmente importante es empezar. De hecho, la pregunta sobre por dónde empezar es solo un truco para no empezar.

Y un truco aún mejor es la pregunta por cuándo vamos a empezar. Voy a empezar a hacer videos cuando me compre una cámara especializada. Voy a empezar a hacer ejercicio cuando consiga el dinero para pagar ese gimnasio costoso. ¡Son solo trucos! La cámara del celular basta. Una colchoneta en el piso basta.

La verdad es que, si lo deseas, puedes empezar aquí y ahora. Puedes tomar la primera acción. Es como una semilla: por pequeña que sea, al sembrarla creas la posibilidad de un árbol.

Después de empezar vendrá el reto de persistir, de mejorar, de pulir. Pero lo cierto es que tus probabilidades de crear lo que quieres aumentarán dramáticamente cuando decidas dar el primer paso. Antes de eso, lo que quieres crear es solo es un sueño, una fantasía.

child-1864718_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

feather-1952382_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Regálate unos segundos de descanso profundo

Acabo de tener una semana de vacaciones, y me siento renovado, pues descansé profundamente. Y te quiero invitar a que descanses tú también ahora.

¿Qué significa descansar? Cuando se trata del cuerpo, todos lo entendemos, pero cuando se trata de la mente, no es tan fácil saber a qué nos referimos.

Para mí, el descanso más profundo se da cuando dejamos al lado el ego por un momento. Cuando nos relajamos con respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. Es un descanso de los debería y no debería. De los que tal si y qué pasaría si. Es un descanso de juzgarnos y juzgar a los demás. Es un descanso de etiquetar todo el tiempo todas las experiencias y todas las cosas.

Pero ¿qué queda cuando descansamos de todas esas cosas? Quedamos solo nosotros, desnudos. Queda solo nuestro ser. Ese es el descanso más profundo: solo ser. Y es un descanso vibrante, consciente, no se trata de entrar en la inconsciencia (aunque ese tipo de descanso también es necesario: lo hacemos todas las noches al dormir).

Y lo mejor es que ese descanso consciente se puede lograr en medio de cualquier actividad. Al comienzo, es más fácil en una finca en medio del silencio, es verdad. Pero en realidad podemos descansar del ego en cada momento, sin importar lo que estemos haciendo, incluso en medio del ruido y el trajín de nuestra vida diaria (así como también podemos estar en una batalla interna contra nosotros mismos en medio de una isla paradisiaca sentados en flor de loto y con los ojos cerrados).

Te invito a que ahora y hoy elijas regalarte un descanso profundo. No tienes por qué tratar de dejar tu ego de lado. Solo permítele descansar. Lleva mucho tiempo luchando contra todo, contra la vida y contra sí mismo. Lleva mucho tiempo tratando de lograr algo, tratando de ser algo.

Puedes empezar por relajar la tensión constante de ciertos pensamientos, ciertas expectativas, ciertos juicios. Solo un poco. Solo por un minuto. Solo por hoy. No se trata del futuro. Se trata de regalarte unos segundos de descanso justo ahora.

Lo más normal, es que en medio del descanso surja de nuevo la voz del ego, pues teme que, si no está en control, las cosas pueden descarrilarse: ¿pero y qué tal si esto o lo otro, pero qué va a pasar si…? Cuando esto pase, simplemente bendícelo, dale las gracias por su preocupación y permítele descansar otra vez. Solo por unos segundos. Solo por este momento. Eso es todo. Esa es la invitación.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Cinco preguntas que disfrutarás hacerte

Al menos yo lo disfruté. Espero que estas cinco preguntas sueltas te ayuden a tomar perspectiva y te saquen una sonrisa o te den una brisa de alivio:

¿Te has dado cuenta de todas las cosas maravillosas que has hecho estos días? No me refiero a la lista de ideales del ego, según al cual, puede que te falte mucho por hacer. Me refiero al calor que sale de tu corazón y al amor que esparces y a los milagros que haces y las vidas que cambias, a veces de forma sutil y sin darte cuenta.

¿Eres consciente de lo mucho que has crecido en los últimos diez años? A veces no vemos la belleza del camino que hemos recorrido por estar enfocándonos en lo que nos falta.

¿Pasas suficiente tiempo contigo misma? Cuando estás conectada con tu corazón, ¿por qué no quedarte allí un rato más? Parece que el mundo nos llama de manera apremiante y que, si no seguimos su llamado, las cosas se saldrán de control. Pero ten la seguridad de que puedes ignorar ese llamado y quedarte un rato más con tu corazón, y todo va a estar bien.

¿Y si no hubiera nada malo contigo, y si fueras perfecta exactamente como eres? A pesar de las imperfecciones que percibes en ti, y de las pruebas que tienes en tu contra, a los ojos de Dios eres perfecta, pues no eres más que un reflejo, una extensión de Ella. Y si estás en crisis, eso no cambia. Y si cometes errores, eso no cambia. Y si te olvidas de ti misma, eso no cambia.

¿Qué pasa si sueltas ese peso, esa preocupación, y descansas ahora? Muchos tenemos la ilusión de que, si no controlamos todo en todo momento, nuestro castillo de naipes se derrumbará. Pero la verdad es que, si dejamos el control, todo fluirá de forma perfecta. Y si se cae el castillo de naipes, también es perfecto. Nuestra plenitud está más allá de la ilusión. No tenemos necesidad de aferrarnos a nuestras fantasías. Podemos disfrutarlas, pero no tenemos por qué aferrarnos y sufrir por ellas.

tree-736885_1280

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Cinco cosas que he aprendido jugando póker

Uno de mis pasatiempos favoritos es el póker. Además de darme mucho placer, me ha dejado enseñanzas útiles para muchas área de mi vida. A continuación, te comparto cinco de las cosas que he aprendido gracias a este juego.

Puedo elegir no tomarme las cosas tan en serio

Al jugar póker, me solía pasar que me molestaba mucho cuando perdía, a pesar de que no apuesto grandes sumas de dinero. Es un ejemplo evidente de que algo me puede molestar simplemente porque me lo tomo demasiado en serio y no porque realmente sea importante. Al caer en cuenta de esto, pude ver que lo mismo me pasa en otras áreas de mi vida: tiendo a tomarme las cosas muy en serio, aunque no sea necesario y me haga sufrir. Así pues, aprendí que es mi elección cómo me siento al perder una partida. La importancia de un juego de póker no está dada de antemano; soy yo quien decide qué tan importante es y cuál es el significado que tiene para mí. Y esta comprensión se puede extender a cualquier área de mi vida. No estoy obligado a tomarme las cosas en serio y a sufrir por ello. Puedo interpretarlas de una manera más ligera y disfrutarlas.

Que mi mente envíe una señal de peligro no implica que el peligro sea real

En estrecha relación con el punto anterior, me di cuenta de que muchas veces, al jugar póker, siento un gran miedo a perder, como si estuviera a merced de un gran peligro. Es, claro, un miedo automático, irracional. No me va a pasar nada si pierdo. Es una idea enrraizada en lo profundo y permea muchos aspectos de mi vida. La idea de que hay peligro. La idea de que puedo sufrir daño en cualquier momento y, para evitarlo, mi tendencia instintiva es interpretar las cosas como si fueran peligrosas. Al observar de manera tan clara este miedo irracional, pude ver que no es real y que el hecho de que mi mente me diga que estoy en riesgo no significa que en verdad lo esté. ¡Qué liberador es esto!

Pierdo por miedo a perder

El miedo desempeñó un papel muy importante en nuestra evolución y gracias a él sobrevivimos. Pero ahora se sigue presentando como un reflejo en muchas ocasiones en las que, en lugar de ayudarnos, entorpece nuestro progreso. El póker es un gran ejemplo de esto. Para ganar en póker, es imprescindible tener la capacidad de apostar aunque no se tengan buenas cartas en la mano. Pero cuando se tiene miedo a perder, es muy difícil hacer este tipo de apuestas. El miedo impide tomar riesgos, aun en casos como este, en el que realmente no hay nada qué perder. Estar relajado y poder arriesgarse tranquilo son dos rasgos claves de un buen jugador de póker. Entre más miedo a perder haya, más probable será perder.

Creo que lo mismo que pasa en el póker sucede en muchas áreas de nuestras vidas: perdemos oportunidades por miedo a perder. ¿Le hablo a esa persona que me gusta? «Mejor no», dice el miedo, «es arriesgado, puedo perder» (aunque en realidad no haya nada que perder). Si le hacemos caso al miedo a perder, perderemos la oportunidad.

Creo que ver a la vida como un juego, como lo que realmente creo que es, me ha permitido tomar riesgos y explorar los caminos que desea mi corazón. Eso no quiere decir que todo saldrá bien y como lo deseo. Puede que pierda al apostar. Pero en el plano más general y profundo, perder apostando siempre me dejará más pleno y satisfecho que irme a la tumba con mis fichas encerradas en un baúl para que no les pase nada. Al ponerlas allí puede que me proteja del dolor de perder, pero al mismo tiempo me privo de las experiencias que mi corazón desea y del aprendizaje que viene con ellas.

En todo caso, se gane o se pierda en el momento, al final la experiencia siempre será valiosa si apostamos con el corazón. Las veces que he «perdido» apostando en la vida (siguiendo a mi corazón) tienen algo en común: sé que cuando las recuerde en mi lecho de muerte me harán sonreír.

No poner en juego lo que tengo es una forma de perderlo

Además, por lo general, esconder mis fichas es una receta para perderlas a largo plazo. Quien siempre juega seguro en póker, quien solo apuesta cuando sabe que va a ganar, por lo general termina perdiendo. Es irónico: pierde sus fichas por cuidarlas demasiado.

Esto me recuerda a la parábola de Jesús sobre los tres hombres a los que su señor les da a guardar monedas (Mateo 25:14-30). Dos de ellos se atreven a negociar con las monedas y obtienen ganancias. Uno de ellos, sin embargo, entierra las monedas por miedo a perderlas. Pero, cuando su señor se entera de esto, le quita las monedas y se las da al hombre que ya había ganado más negociando con las suyas. Esto parece señalar la forma como funciona el universo: si no usas lo que tienes, si no lo pones en juego, si no te arriesgas, mandas la señal de que no eres apto o no estás interesado en administrarlo y, por tanto, se te quitará hasta que des muestras de estar listo.

Lo más valioso del juego no es ganar sino jugar

Al mirar hacia atrás y pensar en lo mucho que he jugado póker, no tengo ninguna duda de que lo más valioso que he obtenido son los buenos momentos que pasé compartiendo y divirtiéndome con mis amigos. Si he ganado o perdido dinero es secundario. Muchas veces he «ganado». Muchas veces he «perdido». Pero en realidad siempre he ganado cuando he jugado con ganas y me he divertido. Pues ese era mi objetivo principal: pasar un buen rato.

Y ahora sé, al empezar cada nueva partida, que valdrá la pena, sin importar el resultado. Pues sé que el valor verdadero no reside en el premio para el ganador, sino en la experiencia misma. El tesoro está en el viaje, no en el destino.

gambling-4178458_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Las enseñanzas de nuestro cavernícola interior

Hoy vine manejando hasta la finca de unos tíos para pasar aquí mi última semana de vacaciones. No tenía ningún afán. No me había comprometido a llegar a una hora específica. Sin embargo, cuando me di cuenta, estaba compitiendo con otros carros por unos pocos metros de espacio en un atasco en el tráfico. Cuando alguno quería adelantarme o quitarme mi lugar en la fila, me sentía atacado. Sentía que tenía que proteger mi espacio. Sentía que perdía algo valioso si cedía unos segundos ante ellos.

Es un reflejo instintivo. El reflejo de proterme del ataque. El reflejo de actuar como si pudiera perder un bien escaso. El reflejo de creer que un enemigo quiere perjudicarme y que, por tanto, debo defenderme y atacar de vuelta.

Esos reflejos tal vez nos sirvieron como especie para sobrevivir en la época de las cavernas. En ese entonces, frente a elementos inclementes y alimentos y cobijo escasos, y rodeados de animales salvajes y de tribus de congéneres hostiles, reaccionar de esa manera era una estrategia exitosa. Quienes no lo hicieran así, probablemente tendrían menos probabilidades de sobrevivir.

Hoy en día, no obstante, esos instintos no tienen mucha utilidad. Son un lastre viejo. Es más, son un riesgo: competir con otros automóviles y actuar como si me estuvieran atacando me lleva manejar de forma imprudente y a exponer mi vida.

Y esos instintos no solo están presentes al momento de conducir, sino en casi todas las áreas de la vida. Por eso, vale la pena observarlos y darnos cuenta de que podemos elegir no seguirlos, pues se basan en una historia que ya no es cierta.

Pero es difícil observar esos instintos. Están enraizados en lo profundo de nuestro ser. Como todos los instintos, entran en acción de forma automática e inconsciente.

La buena noticia es que, justamente por esas características, esos instintos son una gran oportunidad para nuestro desarrollo espiritual, pues para trascenderlos debemos estar muy alertas, muy conscientes de nosotros.

Vale la pena asumir nuestros instintos como una invitación a estar completamente anclados en el momento presente. Así pues, observa con atención y amor a tu cavernícola interior; puede ser tu gran maestro espiritual.

cave-5466266_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Desacelera, detente, comienza a moverte, acelera

La ley de la inercia establece que todo cuerpo permanecerá en estado de reposo o de movimiente rectilíneo (es decir, en la misma dirección) a menos que una fuerza externa actúe sobre él.

Esa ley, creo, también se aplica a nosotros, a nuestros procesos, a nuestras vidas.

Muchas veces, lo más difícil es comenzar algo. Comenzar a hacer ejercicio. Comenzar a escribir. Comenzar a estudiar. Comenzar a meditar. Es difícil porque hay inercia en nuestro reposo y, por tanto, se requiere de esfuerzo para cambiar ese estado por uno dinámico.

Otras veces lo difícil es parar. Parar de pensar. Parar de jugar. Parar de manipular. Parar de fantasear. Parar de consumir. Parar de trabajar. Parar de mirar cuántos likes tengo en mis redes sociales. Hay una inercia, un pilóto automático que se establece una vez nos habituamos a cierta actividad. Es necesario hacer un esfuerzo para detener o desacelerar el movimiento.

El equilibrio en nuestras vidas requiere que estemos rompiendo continuamente la inercia. Requiere que vayamos del reposo al movimiento y del movimiento al reposo. Este cambio suele ser incómodo, como suelen serlo la mayoría de los cambios. Pero es necesario para evolucionar. De lo contrario, nos estancamos en nuestro reposo o nos desgastamos y consumimos en nuestra acción.

Observa con cuidado. ¿Qué es lo que pide este momento, que comiences a moverte o que te detengas? Tal vez pide ambas cosas, pero en áreas diferentes de tu vida. Comienza aquello. Deja de hacer aquello otro.

Rompe la inercia. Desacelera. Detente. Permanece en la quietud. Comienza a moverte. Acelera. Desacelera, detente…

nature-185040_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

Gracias por las estaciones de la vida

Todos tenemos días en los que nos sentimos radiantes. Todos tenemos días en los que dudamos de nosotros. Hay días en los que nos acostamos a dormir orgullosos y plenos. Hay días en los que nos vamos a la cama cansados y preocupados.

Qué bueno es ser conscientes de las estaciones. Cuando llegan días difíciles, los observamos, somos pacientes. Es parte de estar vivos. Es parte de nuestra experiencia en nuestro nivel actual de consciencia. Cuando llegan los días soleados, los disfrutamos sin apegarnos a la experiencia. Sabemos que, como todas las experiencias, también pasarán.

Y gracias a las estaciones de la vida porque por ellas nos volvemos empáticos y amorosos. Sabemos que, cada día, hay amigos y hermanos que están en medio de una lucha interna. Y podemos entenderlos y enviarles nuestro amor porque hemos estado allí.

Y cuando no nos sentimos tan bien, sabemos que hay alguien que justo ese día está teniendo el mejor día de su vida. Tal vez alguien se está ilumimando justo ahora. Y podemos alegrarnos por su bendición. Sabemos que es posible para nosotros. Y sabemos también que su gracia es la nuestra, pues en el fondo no estamos separados.

nature-3590864_1920

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.

El secreto para estar agradecido siempre

Uno de los mejores consejos que he oído para afrontar situaciones difíciles es este: agradécelas porque son una oportunidad para sanar algo.

Cuando tomamos perspectiva y reconocemos que estamos aquí para crecer y para evolucionar, todo es un regalo. Depende de nosotros abrirlo o no. Y la clave para abrirlo es agradecerlo.

No hay ninguna situación que no puedas usar para sanar algo, para conocerte, para expandir tu consciencia.

¿Te estrellaste en el carro? ¿Se te quemó la comida? ¿Llegaste tarde? ¿Terminó esa relación que tanto apreciabas? Hay ahí una oportunidad para crecer. No quiere decir que no va a doler. Pero es un motivo para agradecer, pues te está brindando la posibilidad de hacer lo más importante de todo: crecer.

Una vez entra la gratitud, nos abrimos a recibir el regalo oculto en la situación. Tenemos disposición para aprender de ella. Y entonces tiene el poder incluso de convertirse en una bendición ante nuestros ojos.

Te invito a conocer mi cuenta de Instagram.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo una reflexión para cada día.