A veces creemos que, como algo funcionó para nosotros, debe funcionar para todos los demás; que, dado que nos parece obvio, aquellos que no piensan igual que nosotros son ignorantes.
Especialmente nos pasa esto en el camino espiritual. Hacemos alguna práctica o seguimos algún camino que nos lleva a tener experiencias hermosas y sublimes, que nos ayuda a despertar, y entonces creemos que esa es la única práctica verdadera, el único camino válido. Y nos sentimos especiales, elegidos. Y tratamos de mostrarles a los demás el camino verdadero: el nuestro.
Pero la verdad, mi verdad (que puede estar errada y que tal vez ya no sea mi verdad en algunos años), es que cada uno tiene un camino diferente. Y no hay nadie que no esté recorriendo su camino, así parezca estar perdido. Y es que a veces perderse hace parte del camino. A veces elegir la oscuridad es el camino que luego lleva a la luz.
Podemos creer, en nuestra arrogancia, que sabemos cuál es la senda adecuada para los demás. Pero te aseguro que, al menos para mí, nada trae tanta libertad como dejar de juzgar el camino de los demás. Entonces podemos compartir nuestro camino con amor. Y aquellos a quienes les sirva podrán acompañarnos, si así lo desean. Pero sabemos que, en última instancia, nadie necesita ser salvado por nosotros y que, en lo profundo, cada uno está recorriendo su propio camino de forma perfecta.

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