No importa lo que pasó: elige de nuevo

Algo común a la mayoría de las prácticas de meditación es que buscan llevarnos a anclarnos en nuestro ser, a estar presentes, conectados con este momento. Y algo usual que sucede cuando meditamos es que nuestros pensamientos comiencen a divagar y que nos vayamos al pasado, al futuro, a nuestras fantasías y nuestros miedos. Frente a esto, varias de las técnicas de meditación que he practicado recomiendan lo siguiente: si te vas del momento, si te distraes, está bien, no le des importancia, simplemente vuelve a traer tu atención a este momento, a la respiración o a aquello en lo que la técnica te ha pedido que te enfoques. Y, como nuestros pensamientos se van al pasado y al futuro una y otra vez, parte de practicar técnicas de meditación es elegir, una y otra vez, volver a este momento.

Una y otra vez. Sin juzgar lo que pasó. En dónde estaban tus pensamientos hace cinco segundos no importa. Simplemente elige de nuevo. Este momento es todo lo que importa.

Creo que en nuestros días, nuestros meses y nuestros años podemos aplicar una actitud análoga. No importa si te distrajistte de tu propósito el año pasado. Déjalo ir. Simplemente elige de nuevo este año. No importa si el mes pasado volviste a caer en tu adicción. Ya pasó. No lo juzgues. Simplemente elige de nuevo ahora. No importa si hoy has estado desconectado de tu corazón y te has dejado llevar por los fantasmas de la mente. En este momento puedes volver a nacer. Elige de nuevo.

Tomado de la cuenta de Instagram de Camilo Jaramillo.

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¿En qué quieres evolucionar?

¿Por qué es usual que los hombres nos sintamos atraídos hacia mujeres con caderas anchas y pechos grandes? ¿Por qué es usual que las mujeres se sientan atraídas hacia hombres musculosos y en buen estado físico? La teoría de la evolución puede dar algunas respuestas a estas preguntas. Y, si miramos más profundo, nos puede dar luces sobre nuestro futuro.

La teoría de la evolución podría responder la primera pregunta de la siguiente manera: Las mujeres con caderas anchas tienen mayor facilidad para dar a luz y aquellas con pechos grandes tienen mayores posibilidades de alimentar adecuadamente a sus recién nacidos. En consecuencia, los hombres que en los inicios de nuestra especie se sintieron atraídos por ese tipo de mujeres tuvieron más posibilidades de transmitir sus genes y fueron “seleccionados”. Y explicaciones similares se pueden dar para muchas otras de nuestras características instintivas. ¿Por qué somos omnívoros? Porque esto aumentó nuestras probabilidades de sobrevivir, ya que, al ser nómadas en nuestros inicios, no teníamos un solo tipo de alimentos a nuestra disposición de manera permanente. ¿Por qué un hombre trataría de aparearse con tantas mujeres como le fuera posible? Porque esto aumentaría la posibilidad de que sus genes se transmitieran. Y, volviendo a las preguntas planteadas al inicio, ¿por qué una mujer trataría de escoger un solo hombre con el cual aparearse, preferiblemente fornido y en condiciones físicas óptimas? Porque, al tener que invertir tanta energía en sus hijos y al no poder crear muchos hijos a la vez (como sí puede el hombre), su mejor estrategia evolutiva sería escoger los mejores genes posibles y garantizar que sus pocas crías estuvieran lo más protegidas y tuvieran los mejores cuidados posibles.

Ahora bien, ¿qué tan importante es esto hoy en día? No mucho, pues ninguna de esas características sigue siendo relevante para nuestras posibilidades de transmitir nuestros genes, al menos en las sociedades desarrolladas. En la actualidad, una mujer puede tener hijos y lograr que sobrevivan sin importar el tamaño de sus caderas o sus pechos. Y un hombre puede, al igual que una mujer, cuidar adecuadamente de sus hijos sin importar el tamaño de sus músculos. Los hombres y las mujeres pueden reproducirse sin importar con cuántas personas tengan sexo, e incluso sin tener sexo. Y también podemos sobrevivir y reproducirnos exitosamente comiendo carne todos los días o sin comer carne en absoluto, o con muchas dietas distintas.

En otras palabras, muchos de nuestros hábitos y nuestras elecciones ya no son determinantes para nuestra capacidad de reproducirnos. Esto implica que es probable que las características descritas en el primer párrafo desaparecerán a medida que evolucionemos, junto con muchas otras características que tienen explicaciones similares desde el punto de vista de la teoría de la evolución.

Lo maravilloso de esto es que los hábitos que desarrollemos a futuro son aquellos que elijamos conscientemente, pues tenemos a nuestra disposición muchas posibilidades distintas compatibles con nuestra supervivencia como especie. Podemos elegir evolucionar en lo que queramos. Podemos elegir evolucionar en una especie que come carne o que no come carne. Podemos elegir evolucionar en una especie en la que todos tenemos sexo con todos o en la que todos somos célibes (o en la que esto no importa en absoluto). Podemos elegir evolucionar en una especie en la que hay estándares de belleza física indispensables para elegir una pareja o podemos elegir ser una especie en la que elegimos nuestras parejas guiados por nuestro corazón y no por la necesidad biológica de encontrar un espécimen físicamente ideal para reproducirnos. Podemos elegir parejas de nuestro mismo sexo y reproducirnos mediante la tecnología si lo deseamos. Podemos tener sexo sin que el hombre eyacule y usar la energía sexual para despertar nuestra consciencia, como se recomienda en algunas prácticas espirituales. O podemos elegir no reproducirnos y ayudar a cuidar a los demás miembros de nuestra especie. Podemos elegir permanecer en el futuro de nuestros semejantes, no a través de nuestros genes, sino a través de nuestras ideas, nuestras creaciones y nuestro ejemplo.

Nunca antes los seres humanos habíamos tenido tantas opciones para elegir. Está en nuestras manos aquello en lo que queremos evolucionar.

Sin embargo, la misma tecnología que nos permite todas estas elecciones nos impone un gran reto. Ahora tenemos la posibilidad de autodestruirnos. Tenemos la capacidad de matar a la gran mayoría de los seres humanos. Podemos modificar el planeta Tierra hasta el punto en que ya no sea apto para nuestra especie. La amenaza de una guerra mundial con consecuencias catastróficas es real. Confío en que no sucederá, pero es una posibilidad real, que no existía un par de siglos atrás.

Esto implica que, si queremos sobrevivir, debemos desarrollar y cultivar ciertas características como especie. Las más importantes de todas son, en mi opinión: la consciencia, la presencia, el amor; la capacidad de ver más allá del miedo, ese mismo miedo que fue fundamental para que sobreviviéramos en los inicios de nuestra especie pero que hoy ya no es necesario; la empatía y el respeto, la capacidad de ponernos en el lugar del otro y permitirle seguir su camino; la capacidad de confiar y perdonar; la capacidad de encontrar la plenitud dentro de nosotros, sin necesidad de consumir compulsivamente a costa de nuestro planeta y, por tanto, de nuestro futuro.

Podemos elegir cuál será el siguiente paso en nuestra evolución. Por primera vez en la historia de la evolución, el siguiente salto evolutivo puede estar guiado en gran medida por decisiones conscientes.

¿En qué quieres evolucionar? Lo estás eligiendo a cada momento con tus acciones y elecciones.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Matt Owen-Hughes.

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Elige bien tus pensamientos, crean tu realidad

¿Que tanto pueden afectar los pensamientos la materia?

Personalmente, creo que la realidad última es pensamiento, y que la materia, el tiempo y el espacio son solo ilusiones creadas por el pensamiento. Si esto es así, por supuesto que el pensamiento puede afectar la materia, pues directamente la crea.

Sin embargo, no me interesa aquí convencerte de esas creencias. Aun si no las aceptas, hay un caso claro en el que debes reconocer que, sin lugar a dudas, el pensamiento afecta la materia. Me refiero a los movimientos de tu cuerpo. Tus pensamientos tienen el poder de hacer mover tu cuerpo. Puedes decidir actuar o quedarte quieta. Y tus pensamientos pueden promover la acción o impedirla.

Así pues, es obvio que los pensamientos transforman la realidad. Pues lo que hacemos los seres humanos depende de lo que pensamos, y con nuestras acciones creamos nuestra realidad. Por tanto, nuestra realidad depende de la calidad de nuestros pensamientos.

¿A qué tipo de acciones te están llevando tus pensamientos? Y ¿qué realidad estás creando a través de esas acciones? Si te gusta tu realidad, sigue pensando así. Si hay aspectos que no te hacen feliz, te tengo una buena noticia: puedes elegir pensar de una forma diferente. Elige pensamientos que te lleven a emprender las acciones que consideras necesarias para crear la realidad que deseas.

Eres una creadora. Eres poderosa. Y tus pensamientos son más potentes y más poderosos de lo que imaginas. Elígelos con consciencia.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Zach Alan.

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No esperes un premio en el futuro

Desde pequeños se nos enseñó a perseguir premios y a huir de castigos. El que tenga mejor nota recibirá una medalla y un regalo de sus padres. Y esa mentalidad se quedó grabada en muchos de nosotros y nos acompaña todavía. Pero ¿nos sirve?

Esa mentalidad hace que nuestro dar no sea incondicional. Es decir, no damos por el placer de dar; damos para recibir. Cuando damos, tenemos una exigencia al universo. “Me he portado bien. Por tanto, debes darme mi recompensa. Si no me la das, haré una pataleta, me deprimiré y dejaré de dar lo que estaba dando”. Somos como niños pequeños pidiéndole un dulce a su madre.

Cuando hacemos las cosas desde esa mentalidad, nos perdemos el placer de este momento, el placer de hacerlas. Pues desde esa mentalidad siempre estamos mirando al futuro, al premio que esperamos recibir. Lo irónico es que al dar tenemos ya el premio en nuestras manos. Dar es el premio. Dar es la bendición. Dar es el gozo. Pero lo pasamos por alto, esperando que algo bueno nos pase como recompensa por habernos portado bien.

Incluso esperamos premios por meditar. Me siento a meditar y espero a cambio la iluminación o algún adorno para mi ego espiritual. Y ese mirar al futuro y esperar hace que realmente no meditemos. Ya nos han sido dados todos los regalos. Pero no los vemos. Pues miramos afuera, al futuro, a una idea de cómo deberían lucir las cosas cuando el universo por fin nos dé el premio que tanto anhelamos.

Te invito a mirar desde qué lugar haces las cosas, si por el gozo mismo de hacerlas o para recibir algo a cambio en el futuro. Y te invito a gozar al dar. Te invito a abrir el regalo que viene implícito en el dar y que está disponible para ti en el mismo momento en que das. Ahora. No tienes necesidad de esperar un premio en el futuro.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Michael Shainblum.

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Entrégate a la vida, así sepas que vas a perderlo todo

El budismo señala que el apego a las cosas causa inevitablemente sufrimiento. Pues apegarse a algo significa que sufrimos con su ausencia. Y todo a lo que jamás nos apeguemos inevitablemente va a desaparecer.

Vas a envejecer y tu cuerpo va a morir, o tal vez tu cuerpo muera antes de envejecer. Al igual que el cuerpo de todas las personas que conoces. Y todo lo que ves a tu alrededor, incluido el sol y las estrellas, va a morir también algún día. Pero nada de eso te impide ser feliz ahora. Nada de eso te impide estar plena ahora. Nada de eso te impide entregarte con todo tu corazón a este momento.

Cuando caemos en cuenta de esto, aprendemos a disfrutar inmensamente el momento presente, pero no nos apegamos a lo que hay en él, pues sabemos que es imposible retener nada.

Paradójicamente, al ser conscientes de que todo cambia y se transforma, superamos nuestro temor de perder y nos permitimos jugar con el mundo, sabiendo que todo con lo que jugamos desaparecerá en algún momento.

No dejes de entregar y poner tu corazón en todo lo que hagas solo por miedo a ser herida cuando aquello que amas desaparezca. No tiene sentido protegerte del dolor de las pérdidas. Algún día perderás inevitablemente todo lo que tienes en el mundo. Mejor entrégate cien por ciento al juego. Sumérgete hasta lo más profundo de la vida. Ríe, ama, llora. Allí, en la médula de la experiencia, entregada por completo a esta experiencia de cambio constante, encontrarás un amor profundo que no cambia, que está más allá del tiempo. Ese amor es tu verdadera esencia, que siempre está por debajo de todo lo que aparece y desaparece.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Phil Koch.

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Contempla la luz que tienes para dar

Sabes más de lo que crees. De hecho, en el fondo lo sabes todo. Lo único que puede hacer un maestro espiritual es ayudarte a recordar. Como Sócrates, que se consideraba a sí mismo como una partera. Su labor no era darles a los demás conocimiento, sino ayudarles a que dieran a luz el conocimiento que ya moraba en ellos.

Puedes decidir sacar la luz que tienes dentro y compartirla con el mundo. Todos necesitamos de ti, de lo que puedes dar. Creer que no tienes nada para dar es solo un estratagema para evitar la incomodidad de exponerte, de brillar.

Exponer nuestra luz se siente como un riesgo, aunque en realidad no pueda pasarnos nada. Lo único que se ve amenazado es la imagen falsa que hemos forjado de nosotros mismos. Nuestro ego. Pues contruimos nuestro ego a partir de lo que creemos que los demás creen de nosotros. Y es claro que esas creencias van a cambiar cuando decidamos compartir nuestra luz, nuestro talento.

“Pero no tengo nada para dar todavía”, dice el ego. Esto es un truco. Tal vez más honesto sería decir: “Tengo miedo a perder mi imagen”. Si tienes miedo (y todos lo tenemos), comienza por ser honesta al respecto. Es parte de la experiencia humana. No hay por qué castigarnos por ello. Pero no creas que no tienes nada valioso para compartir. No te convenzas de esa mentira solo para evitar ver tu miedo.

Si no te sientes lista para atravezar tu miedo, está bien. No es necesario empujarte de manera agresiva a hacer aquello que temes. Pero te invito a que vayas con mayor frecuencia a tu interior y contemples toda esa luz que tienes para dar. El contacto permanente con esa luz, con ese amor, ayudará a que el miedo se disuelva de forma gentil. Será evidente para ti que tienes mucho para dar, y que en realidad no vas a perder nada si lo compartes; por el contrario, vas a ganar mucho, pues recibes lo que das a los demás. Y es que en realidad siempre te estás dando a ti misma. Por tanto, verás crecer tu luz a medida que la compartas.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Corwin Bernard.

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Puedes comenzar ya, en este lugar

Cuando una habitación está muy desordenada, a veces aplazamos comenzar a ordenarla porque no sabemos por dóndé empezar. Demasiadas opciones para escoger.

La verdad es que por dónde empecemos es secundario. Lo realmente importante es empezar. De hecho, la pregunta sobre por dónde empezar es solo un truco para no empezar.

Y un truco aún mejor es la pregunta por cuándo vamos a empezar. Voy a empezar a hacer videos cuando me compre una cámara especializada. Voy a empezar a hacer ejercicio cuando consiga el dinero para pagar ese gimnasio costoso. ¡Son solo trucos! La cámara del celular basta. Una colchoneta en el piso basta.

La verdad es que, si lo deseas, puedes empezar aquí y ahora. Puedes tomar la primera acción. Es como una semilla: por pequeña que sea, al sembrarla creas la posibilidad de un árbol.

Después de empezar vendrá el reto de persistir, de mejorar, de pulir. Pero lo cierto es que tus probabilidades de crear lo que quieres aumentarán dramáticamente cuando decidas dar el primer paso. Antes de eso, lo que quieres crear es solo es un sueño, una fantasía.

Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Mi Universp Zen.

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Deja que cambie tu plumaje

Tengo en mi computador una carpeta donde guardo todos los mensajes que he publicado en mis redes sociales. Cuando no tengo algo nuevo que publicar, busco un mensaje antiguo y lo republico.

Últimamente, sin embargo, esa estrategia ha dejado de ser productiva. Muchos de los mensajes que encuentro en la carpeta ya no resuenan conmigo. Algunos me parecen banales. Con otros ya no estoy de acuerdo. Otros no los entiendo.

Lo que pasó es muy simple: mi verdad ha ido evolucionando. Mis creencias más profundas están en constante cambio.

Claro, algunas creencias permanecen y otras se han reforzado y solidificado. Pero, al mirar al conjunto de mis creencias como un todo, se puede ver un cambio constante.

Este proceso de cambio es parte esencial de estar evolucionando. Es inevitable y benéfico. Estoy seguro de que, si en diez años vuelvo a leer estas reflexiones que escribo a diario, algunas me parecerán equivocadas y otras, poco interesantes. Son mi verdad hoy. No sé mañana.

Te invito a que observes cómo tus creencias han ido cambiando a lo largo de los últimos diez años. Cómo algunas ideas han nacido y han ido reemplazando a las que se van muriendo. Sé consciente de que incluso tus más profundas certezas están a merced del cambio.

Tal vez tuviste una experiencia interna poderosa que te llevó a creer y saber algo de primera mano. Pero ahora puedes tener otra experiencia que te lleve a ver incluso más allá y a abandonar tu actual punto de vista. Eso puede ser maravilloso, eso será crecer y evolucionar. Y puedes facilitar el proceso si no te apegas a tus ideas. Si no te identificas con ellas. Son solo tu plumaje en esta estación. Cuando llegue la nueva estación, te irá mejor si cambias de plumas. Tal vez las antiguas ya no sean tan apropiadas para el nuevo clima.

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Regálate unos segundos de descanso profundo

Acabo de tener una semana de vacaciones, y me siento renovado, pues descansé profundamente. Y te quiero invitar a que descanses tú también ahora.

¿Qué significa descansar? Cuando se trata del cuerpo, todos lo entendemos, pero cuando se trata de la mente, no es tan fácil saber a qué nos referimos.

Para mí, el descanso más profundo se da cuando dejamos al lado el ego por un momento. Cuando nos relajamos con respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. Es un descanso de los debería y no debería. De los que tal si y qué pasaría si. Es un descanso de juzgarnos y juzgar a los demás. Es un descanso de etiquetar todo el tiempo todas las experiencias y todas las cosas.

Pero ¿qué queda cuando descansamos de todas esas cosas? Quedamos solo nosotros, desnudos. Queda solo nuestro ser. Ese es el descanso más profundo: solo ser. Y es un descanso vibrante, consciente, no se trata de entrar en la inconsciencia (aunque ese tipo de descanso también es necesario: lo hacemos todas las noches al dormir).

Y lo mejor es que ese descanso consciente se puede lograr en medio de cualquier actividad. Al comienzo, es más fácil en una finca en medio del silencio, es verdad. Pero en realidad podemos descansar del ego en cada momento, sin importar lo que estemos haciendo, incluso en medio del ruido y el trajín de nuestra vida diaria (así como también podemos estar en una batalla interna contra nosotros mismos en medio de una isla paradisiaca sentados en flor de loto y con los ojos cerrados).

Te invito a que ahora y hoy elijas regalarte un descanso profundo. No tienes por qué tratar de dejar tu ego de lado. Solo permítele descansar. Lleva mucho tiempo luchando contra todo, contra la vida y contra sí mismo. Lleva mucho tiempo tratando de lograr algo, tratando de ser algo.

Puedes empezar por relajar la tensión constante de ciertos pensamientos, ciertas expectativas, ciertos juicios. Solo un poco. Solo por un minuto. Solo por hoy. No se trata del futuro. Se trata de regalarte unos segundos de descanso justo ahora.

Lo más normal, es que en medio del descanso surja de nuevo la voz del ego, pues teme que, si no está en control, las cosas pueden descarrilarse: ¿pero y qué tal si esto o lo otro, pero qué va a pasar si…? Cuando esto pase, simplemente bendícelo, dale las gracias por su preocupación y permítele descansar otra vez. Solo por unos segundos. Solo por este momento. Eso es todo. Esa es la invitación.

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Cinco preguntas que difrutarás hacerte

Al menos yo lo disfruté. Espero que estas cinco preguntas sueltas te ayuden a tomar perspectiva y te saquen una sonrisa o te den una brisa de alivio:

¿Te has dado cuenta de todas las cosas maravillosas que has hecho estos días? No me refiero a la lista de ideales del ego, según al cual, puede que te falte mucho por hacer. Me refiero al calor que sale de tu corazón y al amor que esparces y a los milagros que haces y las vidas que cambias, a veces de forma sutil y sin darte cuenta.

¿Eres consciente de lo mucho que has crecido en los últimos diez años? A veces no vemos la belleza del camino que hemos recorrido por estar enfocándonos en lo que nos falta.

¿Pasas suficiente tiempo contigo misma? Cuando estás conectada con tu corazón, ¿por qué no quedarte allí un rato más? Parece que el mundo nos llama de manera apremiante y que, si no seguimos su llamado, las cosas se saldrán de control. Pero ten la seguridad de que puedes ignorar ese llamado y quedarte un rato más con tu corazón, y todo va a estar bien.

¿Y si no hubiera nada malo contigo, y si fueras perfecta exactamente como eres? A pesar de las imperfecciones que percibes en ti, y de las pruebas que tienes en tu contra, a los ojos de Dios eres perfecta, pues no eres más que un reflejo, una extensión de Ella. Y si estás en crisis, eso no cambia. Y si cometes errores, eso no cambia. Y si te olvidas de ti misma, eso no cambia.

¿Qué pasa si sueltas ese peso, esa preocupación, y descansas ahora? Muchos tenemos la ilusión de que, si no controlamos todo en todo momento, nuestro castillo de naipes se derrumbará. Pero la verdad es que, si dejamos el control, todo fluirá de forma perfecta. Y si se cae el castillo de naipes, también es perfecto. Nuestra plenitud está más allá de la ilusión. No tenemos necesidad de aferrarnos a nuestras fantasías. Podemos disfrutarlas, pero no tenemos por qué aferrarnos y sufrir por ellas.

Foto tomada de la cuenta de Instagram de Marcin Zając.

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