Una pregunta clave

Cuando medito, a veces pongo una alarma para que me indique cuándo parar. Hoy, mientras meditaba, me vi esperando a que sonara la alarma.

Al ego le encanta la idea de meditar, siempre y cuando crea que con eso puede obtener algo en el futuro: una idea agrandada de sí mismo. Entonces, mientras “medita” mira al futuro, pues, para él, es solo en el futuro que la meditación tiene valor. Este momento, sentado en silencio, es únicamente un medio para llegar al momento en el que recibirá su recompensa.

Pero la recompensa que busca el ego nunca llega, pues el futuro nunca llega. Lo que llega es siempre el presente. Y el ego no lo puede apreciar, pues tiene su mirada en el futuro.

Es una reacción automática. Es el reflejo de mirar al fururo para asegurarnos de que lo que estamos haciendo nos traerá una recompensa.

Y, así, me dí cuenta de que me estaba perdiendo el regalo de ese momento. Y vi que, en realidad, no estaba meditando. Sólo estaba realizando un ritual superficial para crear en mi imaginación un futuro deseable: el futuro en el que estoy pleno, en paz y realizado.

Más allá de si te sientas a meditar con las piernas cruzadas y repites mantras o si estás en un café tomándote un jugo o revisando papeles en un rascacielos o barriendo la calle, la pregunta más importante es: ¿este momento es valioso para ti por sí mismo o vale tan sólo por lo que traerá en el fututo? Allí reside, para mí, la clave de la espiritualidad.

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