El regalo de los reflejos

A veces surge la duda de si algo que está pasando afuera es un reflejo de nosotros. “¿Por qué me habrá gritado esa persona?”. “¿Qué hay en mí que está provocando eso?”. Si esa pregunta surge, sin duda es porque hay algo que tenemos que sanar. Si no hubiera algo que sanar, simplemente habríamos sentido paz y no habrían surgido dudas sobre nosotros.

Puede que te molesta que otro te grite porque tienes agresividad reprimida adentro. Puede que saque a la luz los juicios que tienes contigo mismo. O puede, simplemente, detonar el miedo a que hay algo malo contigo. Este último miedo es una tendencia a creer que todo lo “negativo” que sucede afuera es una señal de que hemos hecho algo malo. En ese caso, el evento nos da el regalo de sanar esa creencia: la creencia de que hay algo malo con nosotros.

Si una experiencia externa te produce miedo o emociones fuertes, o desencadena en ti pensamientos de juicios, entonces te está mostrando que hay algo adentro tuyo que necesita sanar en relación con esa experiencia. El evento funciona como un detonador de tus heridas internas y de esa manera te permite verlas y sanarlas.

Tres recomendaciones entonces:

Primero: ábrete a la posibilidad de que eso que sucede afuera es un reflejo tuyo y te muestra algo en ti que puedes sanar. Tal vez esa ira es tuya. Tal vez esa envidia es tuya. Solo tal vez.

Segundo: no te vayas al otro extremo, es decir, no te obsesiones con la idea de que hay algo malo en ti. A veces las cosas suceden simplemente para mostrarte esa idea de que hay algo malo contigo para que así puedas dejarla ir. En este caso, es solo una inseguridad que se detona de forma automática.

Tercero: agradece. Agradece por lo que estás viendo en ti. Agradece por lo que estás sintiendo. Cuando las cosas salen a la luz, la luz puede entrar en ellas. Agradece esos reflejos tuyos, pues son un regalo. Son llaves en el camino de tu despertar.

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No importa lo que pasó: elige de nuevo

Algo común a la mayoría de las prácticas de meditación es que buscan llevarnos a anclarnos en nuestro ser, a estar presentes, conectados con este momento. Y algo usual que sucede cuando meditamos es que nuestros pensamientos comiencen a divagar y que nos vayamos al pasado, al futuro, a nuestras fantasías y nuestros miedos. Frente a esto, varias de las técnicas de meditación que he practicado recomiendan lo siguiente: si te vas del momento, si te distraes, está bien, no le des importancia, simplemente vuelve a traer tu atención a este momento, a la respiración o a aquello en lo que la técnica te ha pedido que te enfoques. Y, como nuestros pensamientos se van al pasado y al futuro una y otra vez, parte de practicar técnicas de meditación es elegir, una y otra vez, volver a este momento.

Una y otra vez. Sin juzgar lo que pasó. En dónde estaban tus pensamientos hace cinco segundos no importa. Simplemente elige de nuevo. Este momento es todo lo que importa.

Creo que en nuestros días, nuestros meses y nuestros años podemos aplicar una actitud análoga. No importa si te distrajistte de tu propósito el año pasado. Déjalo ir. Simplemente elige de nuevo este año. No importa si el mes pasado volviste a caer en tu adicción. Ya pasó. No lo juzgues. Simplemente elige de nuevo ahora. No importa si hoy has estado desconectado de tu corazón y te has dejado llevar por los fantasmas de la mente. En este momento puedes volver a nacer. Elige de nuevo.

Tomado de la cuenta de Instagram de Camilo Jaramillo.

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