El poder de parar un momento

Esta es una práctica espiritual muy poderosa: parar un momento y tomar consciencia de nosotros, de lo que está pasando, de lo que estamos sintiendo, de lo que estamos pensando.

Esto implica una autoobservación constante.

A medida que paramos y nos observamos, tomamos consciencia de nuestros patrones de comportamiento y podemos empezar a modificarlos.

Cuando te dan ganas de comer algo, por ejemplo, sirve parar y mirar si hay ansiedad detrás. Entonces puedes ver si realmente tienes hambre o si quieres usar la comida para evadir una sensación o un sentimiento. Y lo mismo aplica para cualquier otro impulso. Para antes de mirar el celular, antes de fumar, antes de prender la televisión. Entiendes la idea.

No es esta una invitación a que te reprimas. Por ejemplo, si eres fumador, no te estoy diciendo que dejes de fumar ya mismo. Simplemente toma consciencia de aquello que evades a través del cigarrillo. Luego fuma.

Primer paso: parar. Segundo paso: amar lo que encuentres cuando pares.

Permítete sentir las emociones, incluso las más incómodas. Permítete observar tus pensamientos, aun aquellos que más te asustan y que más juzgas. Perdónate. Acéptate. Ámate.

Poco a poco, a medida que empiezas a abrazar y a darle amor a aquello de lo que huyes, naturalmente disminuirá la necesidad de huir.

Para, observa, perdona, ama. Cada vez que puedas. Para, así sea por un lapso breve: veinte segundos, diez segundos, un minuto, cinco minutos. La cantidad de tiempo que pares no es tan importante como la frecuencia con la que lo hagas.

Cuando se convierte en un hábito, es una práctica muy poderosa.

Tomado de la cuenta de Instagram de @derekvculver


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El propósito espiritual de la soledad

Hace poco vi una charla del maestro espiritual Matt Kahn que me pareció muy inspiradora. Transcribiré aquí un breve fragmento que me encantó sobre la soledad:

El propósito espiritual más profundo de la soledad es que la soledad es la manera como superamos la ilusión de que estamos solos.

Y es que solamente experimentamos estar aislados hasta que nos volvemos conscientes de que el Universo siempre está con nosotros y de no existe algo así como ‘estar a solas’.

El Universo es siempre un amigo y un compañero para ti, y siempre está dentro de ti, no afuera de ti. En consecuencia, sólo pasamos tiempo ‘a solas’ hasta que tomamos consciencia de nuestra verdadera compañía en nuestro interior. Y esa compañía que está en nuestro interior es la completud y la plenitud que no puede ser afectada por las circunstancias externas ni por las pérdidas.

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