Estrategias del ego para compensar su inferioridad

Alguien es mejor que tú en algo y te duele. Digamos que alguien es más inteligente que tú y te duele. O que alguien es más exitoso. Entiendes la idea.

Una estrategia del ego para protegerse de esa incomodidad es buscar la forma de compensar aquello en lo que se siente en desventaja.

“Puede que él sea más inteligente, pero yo soy más sensible”. “Puede que él tenga más dinero, pero yo soy más espiritual”.

A veces, incluso, el ego llega la locura de compensar a partir de los rasgos de sí mismo que percibe como negativos. Con tal de vencer al otro en algo, cualquier cosa vale. “Puede que él tenga una bonita familia y yo no, pero yo tengo mucha peor suerte que él y he pasado por más desgracias que él”.

Cuando no soporta la realidad debido a su desventaja, el ego recurre a los planes o las fantasías (que a veces son lo mismo). “Voy a aprender cinco idiomas, entonces seré mejor que él”. “Si me vuelvo millonario, entonces seré mejor que él”. “Si alcanzo la iluminación espiritual, seré mejor que él”. “Si consigo una pareja especial, seré mejor que él”. “Si me compro esa joya o ese auto, seré mejor que él”.

Y a veces ponemos en marcha esos planes, no porque queramos de corazón, sino sólo para compensar nuestra desventaja frente a otros egos.

Cualquiera de estas estrategias, por supuesto, reforzará el ego. En consecuencia, reforzará la necesidad de competir y aumentará el malestar ante el bienestar de los demás, cuando el ego perciba que ese bienestar es mayor que el suyo.

La alternativa es tomar consciencia del dolor causado por la sensación de inferioridad y sentirlo profundamente. Ir más allá de ese dolor y encontrar esa paz que no tiene nada que ver con el hecho de que seamos superiores o inferiores a los demás.

Cada reflejo del ego de compensar sus debilidades es una oportunidad para trascender el ego.

Cuando nos permitimos perder en la carrera y podemos aceptar en paz que el otro es mejor que nosotros, viene a nuestra vida una gran libertad y un gran alivio.

Qué libertad cuando podemos alegrarnos genuinamente por los logros de los demás y por aquellos aspectos en los que nos superan. Esa es una forma muy agradable de vivir. Entonces no tenemos que andar viendo cómo arreglamos nuestra autoimagen para compensar nuestras desventajas ni tenemos que emprender proyectos que realmente tienen poco que ver con nuestro corazón sólo para adelantar a los otros egos en nuestra carrera imaginaria y demente.

Tener una autoestima sana no es entrar en una habitación y sentir que eres mejor que los demás. Es entrar y estar en paz y contento contigo sin tener que compararte con los demás, y sin importar si los demás son superiores o inferiores a ti.

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