En la salud y en la enfermedad

No importa si crees o no en el matrimonio católico. Los votos usuales son hermosos. Cada uno de los futuros esposos le dice al otro:

“Me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”.

¡Qué hermoso sería hacernos esos votos a nosotros mismos cada día! Qué hermoso sería decirnos de corazón:

“Hoy me seré fiel. Hoy estaré conmigo. Hoy me amaré. En los momentos de calma y en los momentos de angustia. En los momentos de celebración y en los momentos de pérdida. En los momentos de logros y cuando cometa errores. Cuando sienta emociones que me gustan y cuando sienta emociones que juzgo. Cuando tenga pensamientos que me gustan y cuando tenga pensamientos que me atemorizan. En la salud y en la enfermedad, siempre me amaré”.

Si ahora reemplazamos “me” por “te”, tendríamos lo que creo que Dios nos diría siempre, en cada momento, sin importar nuestro pasado o nuestro presente, si su amor fuera expresado en palabras.

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