¿Y yo qué gano con eso?

Dar de manera incondicional significa que damos sin esperar nada a cambio. Si esperamos algo, entonces hay condiciones. Entonces decimos: “Te doy esto, pero si no actúas como yo espero, me resentiré o buscaré la manera de cobrarte”.

Dar de manera incondicional es una de las experiencias más hermosas que hay. Entonces damos por el puro gozo de dar. Damos porque sabemos que todo lo que damos es a nosotros mismos a quienes nos lo damosl como dice Un Curso de Milagros. Entonces dar es igual que recibir. por lo tanto, no hay necesidad de esperar algo a cambio. Nuestro propio acto de dar es en sí el regalo que recibimos.

Para el ego no es posible dar de manera incondicional, pues no haya placer en dar de manera pura. El ego siempre pregunta “¿y yo qué gano con eso?”.

A veces creemos que damos incondicionalmente, pero en secreto estamos esperando una recompensa. Ayudamos un amigo, pero en realidad queremos obtener algo de él. En otra palabras, estamos enfocados en qué podemos ganar, no en qué podemos dar.

El dar puro es muy poderoso. Cuando conocemos la belleza de dar de manera pura, nuestras relaciones se vuelven fuente de una grandísima dicha.

¿Y cómo dar de manera incondicional?

Lo primero es se honestos y reconocer aquellas interacciones en las que estamos esperando algo a cambio. Si creemos que en realidad es justo recibir algo a cambio, entonces es bueno decírselo a la otra persona de manera explícita. “Te ayudaré a hacer la tarea, pero mañana me invitas a almorzar”. En ese caso, la interacción se convierte en una venta, en un contrato. Y no hay nada malo con las ventas o los contratos, pero hay que ser claros desde el comienzo en que estamos vendiendo y esperamos algo a cambio. Si creemos que merecemos algo a cambio pero no lo decimos, luego nos resentiremos o nos sentiremos estafados si la otra persona no cumple nuestras expectativas.

Ahora, hay momentos en los que tal vez no quieras hacer una venta o un contrato. Hay momentos en los que tal vez quieras aprender a dar de manera incondicional. Tal vez no quieras venderle un beso a tu pareja a cambio de que haga algo. Tal vez no quieras venderle un “regalo” a tus hijos a cambio de que modifiquen su comportamiento. Tal vez esas cosas quieras darlas de forma incondicional.

Si es así y quieres conocer el gozo del dar incondicional, comienza por identificar aquellas interacciones en las que esperas algo aunque no te atreves a enunciarlo de manera explícita, pues en realidad quisieras (o crees que deberías) dar de manera incondicional. Mira qué es lo que esperas recibir. Piensa en cómo te sentirías si no recibes lo que quieres.

Decídete luego por una de estas tres opciones:

  1. Suelta la expectativa. Decide que no vas a exigir algo a cambio. Luego, sé coherente con eso. Si no recibe nada a cambio, asume tu decisión previa. Si te resientes luego, asúmelo como tu resposabilidad y reconoce que en realidad no pudiste soltar las expectativas, pero no pongas la carga sobre la otra persona. Ella no tenía por qué saber que tenías expectativas ocultas. El sólo hecho de tomar la decisión inicial es muy poderoso. Verás que comienzas a soltar y a sentir un gran gozo.
  2. No des si realmente no quieres. Si ves que en realidad solo estás dando para recibir, pero en realidad no tienes ganas de dar, no lo hagas.
  3. Di de manera explícita lo que quieres a cambio. Si definitivamente deseas eso que buscas obtener a cambio, dilo. Haz un trato. La otra persona podrá entonces aceptar tu propuesta o no. Sea cual sea el resultado, la interacción será clara.

La próxima vez que des un regalo, piensa antes, “¿cómo me sentiría sino me agradece?”, ¿cómo me sentiría si lo rechaza?”, “¿cómo me sentiría si no lo usa?”. Reconoce entonces si estás dando de manera incondicional o no. Si sí, disfruta. Si no, te invito a hacer el ejercicio anterior.

Suscríbete a mi blog y recibe en tu correo cada una de mis reflexiones.