No tienes que estar a cargo del proceso

Cuando comenzamos a recorrer un camino espiritual, muchas veces nos preguntamos cómo sanar. Tenemos la intención y es genuino nuestro deseo, pero el resentimiento y las heridas persisten y no sabemos qué hacer para que se vayan.

En ocasiones, por tratar de sanar esos resentimientos y heridas a la fuerza, terminamos impidiendo que sanen.

El ego siempre quiere estar en control de todo. Por tanto, cuando comenzamos un camino espiritual, el ego también quiere estar a cargo de ese proceso. Busca entonces desesperadamente averiguar qué puede hacer. Le cuesta mucho trabajo soltar el control y no hacer nada. Y a veces eso es lo que se requiere para sanar: soltar el control y no hacer nada.

Es normal que el ego se resista a soltar, pues siente que, si no hace nada, las cosas saldrán mal. Pero, sobre todo, le cuesta reconocer su poca importancia en el proceso de sanación. Así, por tratar de ser el protagonista del proceso, impide que la sanación llegue de la Fuente más elevada, que es de donde siempre viene.

A veces, la forma más fácil de sanar es simplemente tomar consciencia de aquello que requiere ser sanado y luego permitir que la sanación ocurra por sí misma. La sola luz de nuestra presencia ya es un elemento transformador muy poderoso. A veces no se requiere nada más: solo nuestra presencia.

A medida que tomas plena consciencia de tus heridas y viejos patrones, la transformación comienza, pues la oscuridad ha sido expuesta a la luz de la consciencia.

Es posible que, como parte del proceso, haya cosas que hacer y que decir. Pero no será nuestro ego el que esté a cargo. Por tanto, la respuesta no llegará a través de nuestra mente y su esfuerzo constante por entender y resolver problemas. Llegará, en cambio, como una comprensión más profunda, un saber que a veces ni siquiera pasa por la mente. De repente nos vemos haciendo una llamada o caminando hacia algún lugar y es como si nuestro corazón tuviera comunicación directa con nuestras manos y pies. Se trata de un actos que no pasan por la mente.

Así pues, cuando te preguntes cómo sanar esta herida, solo asegúrate de tener la intención y ten la disposición a mirar de frente y con consciencia aquello que quieres sanar. Saber cómo sucederá la sanación es algo que no es necesario y no te corresponde.

Tal vez no tienes por qué estar a cargo de todo. Tal vez puedes soltar el control de este proceso y entrar en la paz profunda que surge cuando descubres que no tienes que hacer nada.

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