El premio que verdaderamente merecemos

A veces, cuando pensamos en amarnos, pensamos en regalarnos algún placer. Ver una película. Un masaje. Unos chocolates.

Consentirnos con detalles como esos es bello, pero es algo superficial. El acto de amor más profundo que podemos hacer es estar con nosotros mismos plenamente.

Mas estamos acostumbrados a ver las cosas al revés. Por eso, a veces creemos que pasar tiempo con nosotros a solas y en silencio es un castigo o algo que debemos hacer para obtener un premio en el futuro. Al menos así me pasa a mí.

Me he visto avanzando en mi camino espiritual, sanando heridas y aprendiendo a conectarme con mi ser interior, y al mismo tiempo me veo esperando recibir un premio a cambio de eso en el futuro. En el fondo, está la idea de que, si sano espiritualmente, vendrá entonces el éxito económico y una relación de pareja que sea espejo de mi estado interior.

La tendencia es clara: hago las cosas esperando un premio. Y ese premio se ve como placeres, éxito y relaciones. Cosas bellas, pero que están fuera de mí.

En el fondo, lo que yo quiero y lo que creo que todos queremos es el Amor. El problema es que estamos programados a buscar ese amor en algo externo. Por eso creemos que, cuando sanemos adentro, por fin podremos encontrar el amor afuera.

Es esta tendencia la que me lleva a buscar recompensas ante lo que hago en mi trabajo interior. Así, después de una jornada de meditación y de sanación, me veo buscando algún placer para premiarme por haber trabajado en mí. Y muchas veces esos placeres implican desconectarme de mí mismo.

Este comportamiento se basa en una comprensión errónea de lo que realmente quiero. Pues lo que realmente quiero es el Amor, y el amor está dentro de mí.

Por eso, ahora estoy tratando de premiarme de manera diferente. Ahora estoy tratando de premiarme con Amor, que es lo que quiero. Así, cuando hago algo que implica esfuerzo y pienso que merezco un premio, busco un premio que realmente quiero. Y ese premio lo encuentro en mi interior.

Con esta forma de premiarme, realmente me doy amor, y el resultado es muy bello y pleno. No busco ahora como premio actividades que duerman mi consciencia, pues sé que en ese sueño no se encuentra realmente lo que quiero y merezco. Ahora busco premiarme con acciones que impulsen mi despertar y mi conexión con mi corazón. Pues eso es lo que realmente merezco y lo que verdaderamente quiero: reencontrarme con el Amor que yace en mi corazón.

La próxima vez que sientas que mereces un premio, pregúntate cuál es la actividad que más va a elevar tu alma en ese momento. Y elige esa actividad como premio. Solo prueba.

No se trata de volvernos psicorígidos y de no volver a comer chocolate nunca. Se trata de reconocer qué es lo que realmente queremos y valoramos, y buscar dárnoslo de manera consistente.

Ese es el premio que verdaderamente merecemos.

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