¿Qué es primero, el pensamiento o la acción?

Pensemos en cómo alguien deja de fumar. ¿Será lo más común que, por razones ajenas a la voluntad disminuya primero el consumo, y que, después de que este ha disminuido, al aumentar el bienestar, surja el pensamiento “voy a dejar de fumar”? Probablemente no. En este caso, lo normal es que la transformación comience con un pensamiento, con una intención. Es por esto que muchas corrientes de crecimiento personal resaltan la importancia de elegir nuestros pensamientos.

Sin embargo, cuando se trata de cambiar nuestras creencias más profundas, a veces el proceso no es tan lineal: nuestros pensamientos van cambiando nuestras acciones y estas a su vez van cambiando nuestros pensamientos.

Tomemos, por ejemplo, la creencia de que los demás son enemigos. Esto naturalmente nos lleva a protejernos de los demás y a atacarlos, a buscar su destrucción. Entonces entra una pequeña luz, la idea de que el otro es mi hermano. Es una idea débil al comienzo. Dudo al no atacarlo. Dudo, sobre todo, al no defenderme. Poco a poco lo dejo entrar. Y al dejarlo entrar y conocerlo se disuelve cada vez más la idea de que es mi enemigo. Pero hay un punto en el que emprendemos la acción sin estar seguros. Damos un salto de fe. Lo mismo sucede con la creencia en la escasez: una de las mejores formas de disolverla es actuar como si no hubiera escasez, compartir, dar de lo que tenemos.

Y así, también, cambian nuestras sociedades. Probablemente la esclavitud desapareció poco a poco. Al comienzo hubo semillas, personas que comenzaron a pensar diferente. Y estas ideas fueron el motor del cambio. Pero para que el cambio se diera de manera general la acción fue necesaria: el que una parte importante de la sociedad dejara a un lado la esclavitud modificó las ideas sobre la esclavitud en el resto de la sociedad. En este caso, el cambio en las acciones de unos llevaron a cambios en las creencias de otros. Y esto mismo está sucediendo ahora en relación con varios aspectos en los que estamos evolucionando: nuestra alimentación, nuestra actitud hacia el planeta, nuestra espiritualidad. Por eso nuestras acciones en estos campos son tan importantes: son uno de los ingredientes esenciales de la transformación.

Y cuando se trata de nuestro propio proceso, pasa algo semejante: nuestras tienen el poder de cambiar nuestros pensamientos. Así que es muy bueno enfocarnos en cambiar nuestra forma de pensar si sentimos que no nos sirve para experimentar lo que deseamos. Pero no subestimemos el poder que nuestras acciones tienen sobre nuestros propios pensamientos. A veces la mejor forma de adoptar un pensamiento es comportarte como si lo creyeras. Actúa y deja que tu corazón experimente los resultados. Tus creencias más profundas seguirán a tu corazón.

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