¿Estás cien por ciento seguro?

Piensa en aquello que más te angustia de tu vida en este momento.

Luego pregúntate: ¿Es verdad?

Deja que la respuesta sea honesta.

Luego pregúntate: ¿puedo estar absolutamente seguro, sin el más mínimo resquicio de duda, de que es verdad?

De nuevo, deja que la respuesta sea honesta. Puede que sea sí, puede que sea no.

Luego piensa lo opuesto a aquello que te preocupa. Por ejemplo, si lo que más te molesta es que eres pobre, di: “Tengo más que suficiente”. Si lo que más te molesta es que alguien te maltrató, di: “Esa persona me dio amor y me trató bien”.

No se trata de creer estos nuevos pensamientos y de negar lo que en realidad sentimos. Sólo mira cómo te sientes al pensarlos. Mira qué ideas surgen al imaginar que las cosas fueran diferentes a como crees que son.

Este método de cuestionar la realidad de lo que pensamos es maravilloso. Algo así propone la maestra espiritual Byron Katie. No se trata de dejar de creer lo que creemos. Sólo se trata de cuestionarlo con profundidad.

“Élla me odia”. ¿Estás cien por ciento seguro? “Seré feliz cuando ella me ame”. ¿Estás cien por ciento seguro? “Odio eso que pasó”. ¿Estás cien por ciento seguro? “Mi vida sería mejor si eso no hubiera pasado”. ¿Estás cien por ciento seguro?

Responde lo que sientas, con honestidad. Pero explora todas las posibilidades. Tómate tiempo. Ve profundo.

Gran parte de nuestro sufrimiento (todo, diría Byron Katie) es causado por pensamientos que no cuestionamos y damos por sentados. Con esos pensamientos construimos nuestra historia infeliz y elaboramos la prueba de que somos víctimas del mundo.

La invitación es simplemente a cuestionar y a ver qué hay debajo de nuestras suposiciones; a explorar aquellas posibilidades de juramos que no son ciertas (y que puede que en efecto no sean ciertas). A veces, al mirar esas posibilidades, vemos cosas de nosotros que no podíamos ver antes debido a que ya teníamos una idea fija de cómo es el mundo.

A veces veremos que realmente no queremos lo que pensamos que queremos, que no necesitamos lo que pensamos que necesitamos; a veces veremos que debemos hacer (o dejar de hacer) aquello que creemos que los demás deben hacer (o dejar de hacer). A veces veremos que las cosas eran realmente al revés de como las veíamos.

A veces. Sólo a veces.

Pero abrir esa puerta, esa posibilidad, resquebraja el mundo ilusorio en el que vivimos. Un mundo construido con nuestros pensamientos y nuestros juicios, en el que sabemos que hay buenos y malos y sabemos quiénes son los buenos y los malos. Y empezamos así a despertar a un mundo en el que no sabemos nada y las cosas no tienen encima las etiquetas de nuestros juicios. Un mundo en el que tal vez no hay buenos y malos, tal vez todos son buenos. Tal vez. Tal vez sólo hay amor disfrazado de millones de formas, dándonos en cada momento aquello que más necesitamos y que hemos pedido sin saberlo.

Sólo tal vez.

Te invito a explorar la técnica de Byron Katie que ella llama “The Work” (El Trabajo).

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