El poder de elegir en medio de las crisis

Hace poco, estaba viendo una charla de Eckhart Tolle en la que él contaba la historia de Genne Roth, una mujer que perdió todos sus ahorros a causa de la famosa estafa creada por Bernie Madoff.

Cuando se enteró de que había perdido su dinero, entró en un colapso nervioso. Entonces, un amigo con quien había practicado las enseñanzas de Eckhart Tolle le dijo que tratara de estar presente en ese momento. Pero ella se vio respondiendo: “Este no es momento de ser espiritual”.

Solo tiempo después ella pudo reconocer que no solo ella podía elegir estar presente en ese momento, sino que era ahí cuando justo más lo necesitaba.

Geneen Roth escribió el libro Lost and Found: revelations about food and money, en el que narra el viaje espiritual que emprendió gracias a esa crisis.

Por momentos parece que nuestros pensamientos, emociones y reacciones son solo consecuencias de lo que ocurre fuera de nosotros. Pero cuando comenzamos a ahondar en nuestro corazón y sanamos las heridas que han creado nuestros patrones de comportamiento, nos damos cuenta de que podemos elegir. Entonces, nuestra práctica espiritual se pasa a ser elegir la dicha, el amor y la presencia en cada momento.

Muchas veces, nuestra mente nos dirá “Es imposible que sientas paz en este momento, es imposible que estés presente en este momento”. Y, justo en esos momentos, es importante reconocer que esa voz es solo otro penssmiento, y que podemos elegir observarlo y luego elegir uno diferente. Además, es justo en esos momentos difíciles que es más importante elegir.

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Escucha tu vida

“Si fuera a resumir en pocas palabras la esencia de todo lo que estaba tratando de decir como novelista y orador, sería algo como esto: Escucha a tu vida. Mírala como el misterio insondable que es. En la aburrición y en el dolor, no menos que en el entusiasmo y en la alegría: toca, siente, huele tu camino hacia su corazón sagrado y oculto, porque en el último análisis, todos los momentos son momentos clave, y la vida en sí misma es gracia”. ~ Fredwrick Buechner

Esta cita la tomé del libro de Arianna Huffington Redefine el éxito: bienestar, sabiduría, entrega y asombro para una vida plena. Súper recomendado.

El equilibrio en la disciplina espiritual

Hay muchos caminos, pero todos los que conozco requieren algún grado de disciplina. Puede que haya otros, sin embargo.

Tal como lo veo, hay una parte del proceso de despertar que requiere de constancia y consistencia. Estar presente es algo que elegimos una y otra vez, ahora, hasta que se convierte en un hábito. Pero, muchas veces, no se convertirá en hábito si no lo elegimos de forma constante. Y esa constancia implica un entrenamiento mental y disciplina.

¿Qué es la dusciplina? Es adherirnos a ciertos pensamientos y comportamientos y elegirlos por encima de nuestra programación actual, que puede ir en otra dirección de la que deseamos.

Por otra parte, aunque la diciplina es necesaria, también puede ser contraproducente si se vuelve obsesiva y rígida, pues entonces se convierte en una idea más que usamos para castigarnos y para castigar a los demás. Pero esto no tiene por qué ser así. Podemos ser disciplinados de manera ligera, sin castigos ni rigideces. Esto implica un equilibrio, un punto medio. Y creo que la clave es no tomarnos las cosas tan en serio, no tomarnos el proceso espiritual como un tema denso y serio, de vida o muerte, sino como un juego ligero que jugamos con inocencia y amor.

Este ha sido uno de mis grandes retos, pues usualmente he oscilado entre la rigidez y la relajación total, todo o nada. Y uno de los extremos lleva al otro: cuando me impongo rutinas tan pesadas y rígidas, llega un punto en el que no puedo más y abandono mi práctica espiritual por completo, hasta que el sufrimiento causado por la inconsciencia me hace comenzar de nuevo y el ciclo se repite.

Ahora estoy aprendiendo a estar en el medio, y eso me permite ser más constante y más amoroso conmigo cuando me desvío del camino que me he propuesto.

Si esto resuena contigo, te invito a que encuentres también un punto medio y tengas disciplina, pero sin dejar el juego y la ligereza de lado.

Te invito, además, a que veas mi último video de YouTube, en el que hablo de la lección 4 del libro El Camino del Corazón, ya que uno de sus puntos más importantes tiene que ver con el equilibrio en la disciplina espiritual.

Haz click en la imagen para ver el video:

¿Qué es el éxito para ti?

Un día, exhausta por la falta de sueño, Arianna Huffington se desmayó mientras trabajaba en su oficina y su cabeza se golpeó fuertemente contra su escritorio. Ese fue uno de los llamados a despertar más importantes en su vida.

Desde cierto punto de vista, Arianna era una mujer muy exitosa. Había fundado el Huffington Post y había sido escogida por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo. Sin embargo, su accidente la llevó a reconsiderar qué era el éxito para ella y qué quería para su vida.

Ahora, uno de los principales objetivos de Arianna es conscientizar a las personas sobre la importancia de dormir bien y tener hábitos saludables. Cómo parte de ese esfuerzo, escribió el libro Redefine el éxito: bienestar, sabiduría, asombro y entrega para una vida plena.

En este libro, habla sobre la importancia de cuestionar la idea de éxito que se ha impuesto en nuestra sociedad, según la cual llegar a la cima en nuestros trabajos para conseguir dinero y poder es lo más importante, incluso si eso implica que debemos dejar de lado nuestra salud o nuestra familia.

Me ha encantado el libro hasta ahora, aunque apenas estoy empezando. Seguramente, cuando lo termine haré un video para profundizar sobre sus enseñanzas, que nos invitan a tener una vida equilibrada, en la que el éxito no implica solamente logros externos, sino plenitud y bienestar interiores.

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La importancia de permitirnos estar aburridos

Muchas de las cosas que hacemos en nuestra vida cotidiana tienen como propósito ayudarnos a escapar del aburrimiento. Hay muchas industrias que se dedican precisamente a eso: ofrecernos maneras de distraer nuestra mente para que no tengamos que estar aburridos. Así, muchas veces nos vemos leyendo algo, jugando un videojuego, revisando redes sociales o hablando compulsivamente por chat para evitar estar aburridos.

Si miramos más a fondo, veremos que escapar del aburrimiento es una forma de escapar de nosotros mismos. ¿Qué significa estar aburrido? Significa que no te sientes a gusto simplemente con tu propia compañía y requieres un estímulo que entretenga tu mente para distraerte de ti.

Como tal, no hay nada malo con las actividades que mencioné al final del primer párrafo. El tema es que si las usamos para escapar de nosotros, tendremos una relación disfuncional con ellas. Las elegiremos, no porque en el fondo realmente las queramos, sino porque no soportamos estar con nosotros sin hacer nada. Y lo mismo puede suceder con nuestras relaciones personales. Es hermoso compartir con otras personas, pero si buscamos su compañía porque no soportamos estar solos, tarde o temprano nuestra insatisfacción, esa de la que tratamos de huir, se manifestará en aquellos con quienes nos relacionamos. Entonces creeremos que son las otras personas quienes nos hacen sufrir, pero simplemente habremos proyectado sobre ellas nuestro fastidio con nosotros mismos.

Aquellas actividades a las que acudimos para evadir nuestra presencia fácilmente se convierten en adicciones, y lo que caracteriza a las adicciones es que nos hacen sufrir. Procuran un escape momentáneo, pero ese escape no se puede mantener indefinidamente, así que en algún momento volverá a nuestra consciencia aquello de lo que queremos escapar en nuestro interior.

La invitación que te hago y que me hago es que la próxima vez que estemos aburridos, nos permitamos estar así. ¿Qué pasa cuando confrontamos la sensación de aburrimiento y nos quedamos sintiendo en vez de escapar? Puede que el cuerpo reaccione con ansiedad o incomodidad física o que afloren emociones desagradables. Pero vale la pena, pues es la puerta de entrada a la plenitud del momento presente, que es totalmente satisfactorio sin necesidad de ningún adorno ni distracción.

Nos invito a observar en qué momentos nos aburrimos y qué actividades, personas o sustancias usamos para evitar sentirnos aburridos. Y luego, nos invito a hundirnos en el aburrimiento con consciencia y curiosidad. Simplemente siente y observa qué ocurre.

Imagina disfrutar tanto de tu presencia que nunca quisieras escapar de ella. ¿No sería eso maravilloso? Entonces te relacionarías con las demás personas y con tus actividades desde un lugar de genuino interés y pasión, pero ya no habrá dependencia ni apego, pues no las usarías como formas de escape, sino que las buscarías porque así lo quiere tu corazón y tu pasión genuina.

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¿Cómo saber tu verdadero valor?

Hace poco leí de nuevo el libro de Isha Judd llamado Sobre las Nubes. En él, me encontré con un cuento que me encanta, que trata sobre un joven que está deprimido porque nadie lo valora y decide acudir al maestro de su pueblo para que lo ayude. Antes de responderle, el maestro le pide al joven que le ayude a vender un anillo, y éste último se embarca entonces en una ilustrativa aventura sobre cómo aprender a reconocer nuestro valor verdadero.

En este caso, decidí hacer un video en el que narro el cuento y hago algunas reflexiones. No te lo pierdas:

Quizás no sabes qué tipo de flor eres

Tengo la fortuna de vivir en una casa llena de plantas. Sin embargo, nunca había tenido plantas en mi baño ni en mi cuarto. Hace poco, decidí probar y escogí tres plantas para adornar esos espacios. Mi preferida es una suculenta que está comenzando a florecer. Al poco tiempo de ponerla en el baño, comencé a observar sus flores y algo me inquietó: cada día que pasaba, parecían mirar más hacia abajo, como si estuvieran decaídas. Pensé entonces que la planta no estaba sana y me pregunté si esto se debería a que yo la había cambiado de espacio. Con el pasar de unas semanas, no obstante, caí en cuenta de que esa es la naturaleza de sus flores: a medida que crecen, se van dirigiendo hacia el suelo en una formación cada vez más bella.

Al reflexionar sobre esto, vi que muchas veces me ha pasado lo mismo conmigo, pues, en cierto sentido, todos somos como plantas que están floreciendo. Por eso me encanta la metáfora que usa el maestro Eckhart Tolle sobre el despertar de la humanidad. En su libro Una Nueva Tierra, él compara nuestro despertar espiritual con la llegada de las flores al planeta. Según los estudiosos de la teoría de la evolución, las primeras flores aparecieron al rededor de hace 140 millones de años. Al comienzo, fueron fenómenos aislados, hasta que un día toda la Tierra estuvo cubierta por ellas. Para Tolle, una persona que despierta o se ilumina es como una planta que florece. Y así como la llegada de las flores significó un paso en la evolución de las plantas, el despertar espiritual, que es el siguiente paso en nuestro proceso evolutivo, implica que cada vez más personas descubran su divinidad dentro de sí.

Se podría decir, entonces, que quienes seguimos un camino espiritual estamos buscando florecer. Y a veces sucede que nos formamos una idea de cómo debe verse ese florecimiento. Pero la verdad es que no sabemos, y al tener una idea rígida de cómo debe ser nuestro despertar a veces nos alejamos de él. Es un poco como lo que me sucedió con mi planta en el baño: creí que sus flores estaban mal porque las comparé con otras que había visto, pero la verdad es que estaban sanas, lo único que pasaba es que yo no las conocía.

Esto me recuerda una hermosa frase de Un Curso de Milagros: “… no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos” (T-18.V.1:5-6). Así, muchas veces creemos que las cosas en nuestra vida van de mal en peor, cuando en realidad lo que sucede es que se están rompiendo las viejas estructuras e ideas a las que nos hemos aferrado, y de esa manera se abren nuevas posibilidades para nuestro desarrollo personal.

Tal vez quieras leer: Las crisis, una invitación a evolucionar.

Cuando estos cambios nos dan miedo o los juzgamos como negativos, a veces tratamos de interferir en el proceso y revertirlo. Entonces, por tratar de crecer “correctamente” según nuestras ideas y creencias, terminamos estancándonos y evitando el crecimiento que queríamos propiciar. Es como si yo hubiera tratado de enderezar esas flores: les habría hecho daño por creer que debían tener una forma diferente a la que les es natural.

Cuando creas que estás cambiando para mal o que las cosas en tu vida se están desacomodando de una forma que juzgas como inadecuada, relájate y recuerda que tal vez no sabes qué tipo de flor eres. Puede que eso que juzgas como un retroceso sea uno de tus más grandes avances.

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Cómo hacer nuevos amigos

Hace poco, alguien me preguntó por una red social cómo podía hacer nuevos amigos.

Al pensar en la pregunta, sentí que hay dos niveles en los cuales se puede responder. Por una parte, hay aspectos de nuestro relacionamiento con otros que vale la pena mirar. ¿Estamos abiertos a recibir? ¿Nos permitimos mostrarnos como somos? Si sabemos que hay la posibilidad de conocer gente nueva, ¿la aprovechamos o huimos? Es posible que, al leer estas preguntas, reconozcamos que tenemos miedo a ser rechazados o que veamos que tenemos baja autoestima en algunas áreas de nuestras vidas. O puede que veamos que tememos perder algo con la llegada de nuevas personas: de pronto tememos perder el control de nuestras rutinas, o tememos asumir nuevas responsabilidades que nos quiten lo que percibimos como nuestra libertad. Si esto es así, entonces el deseo te hacer nuevos amigos es una oportunidad para mirar dentro de nosotros y sanar esos aspectos en los que hay inmadurez o inseguridad. Y el primer paso para sanarlos es permitirnos mirarlos y reconocerlos.

Por otra parte, creo que el mayor secreto para hacer nuevos amigos es aprender primero a ser buenos amigos de nosotros mismos. Esto implica aprender a disfrutar y respetar el tiempo que pasamos a solas. Y para esto es esencial sacar tiempo para conocernos. Es bueno tener citas con nosotros. Por ejemplo, ir a comer solos, pero hacerlo como si estuviéramos conociendo a una persona muy importante para nosotros. En este caso, no nos distraeremos con el celular, sino que pondremos atención plenamente, preguntaremos con sinceridad qué sentimos y qué pensamos, y luego nos abriremos a recibir la respuesta atentamente. Y, a medida que nos conocemos, permitámonos acompañarnos como lo haríamos con nuestra mejor amiga o amigo. Escuchemos atentamente, brindémonos compañía y apoyo. Reconozcamos los juicios que tenemos hacia nosotros mismos, y luego tengamos la intención de dejarlos ir con amor.

Cuando nos amemos y disfrutemos plenamente de nuestra compañía, nuestras interacciones con los demás serán un reflejo de eso. Ya no estaremos buscando en los demás la salvación, el amor o simplemente una forma de distraernos de nuestro aburrimiento. El relacionamiento no surgirá desde un espacio de necesidad, sino de plenitud y abundancia. Y, al no tener la necesidad por otras relaciones, no tendremos miedo de perder oportunidades o de que los demás se alejen, y entonces estaremos relajados y nos permitiremos ser auténticos. Y nada atrae más a quienes resuenan contigo que tu autenticidad.

Esto me recuerda a dos preguntas que el maestro espiritual Neale Donald Walsh sugiere que nos hagamos al momento de comenzar nuevas relaciones:

  1. ¿Para dónde voy?
  2. ¿Quién quiere ir conmigo?

Lo importante de estas preguntas es el orden en el que las hagamos. Cuando tenemos miedo de estar solos, preguntamos primero la número 2. Lo que nos importa es estar con alguien, y solo luego nos preguntamos eso a dónde nos lleva, para muchas veces descubir que hemos empezado a caminar en una dirección que realmente no resuena con nosotros. Cuando estamos empoderados y no tememos a nuestra soledad, hacemos siempre la pregunta 1 primero, y solo después de que tenemos claro a dónde queremos ir, preguntamos quién quiere ir con nosotros. En este caso, crearemos relaciones que resuenan profundamente con nuestro camino, y tendremos la valentía de permitirnos estar solos en caso de que no haya nadie que quiera acompañarnos en este momento. Pero no dejaremos de seguir a nuestro corazón ni nos traicionaremos para encajar o para evitar la soledad.

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El sonido de la lluvia

Normalmente no escucho música para meditar. Sin embargo, hace poco probé meditar con el sonido de la lluvia y la experiencia fue muy hermosa.

Creo que el placer que genera el sonido de la lluvia se remonta cientos de miles de años. Cuando aún éramos nómadas, la lluvia usualmente implicaba que debíamos detenernos y esperar. Así, por miles de años ese sonido usualmente estuvo asociado a momentos de descanso, en los que dejamos los asuntos de la cotidianidad y la supervivencia y nos permitíamos relajarnos. Además, era un momento en el que probablemente también varios de los animales que representaban una amenaza para nuestra especie descansaban también; por tanto, eran momentos en los que podíamos sentirnos seguros.

Al escuchar ahora la lluvia, me siento conectado con esos ancestros que por largas horas simplemente se sentaron a ver y oír el agua caer. Una parte de mí siente que es seguro entonces alejarme del mundo y me permito entrar con calma en lo profundo de mi ser.

Si esta idea resuena contigo, te recomiendo este hermoso video con el sonido de la lluvia (si lo usas para dormir, recuerda activar la reproducción autómática en YouTube, pues podrías despertarte en la madrugada escuchando música de otro tipo).

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El apego a los bellos recuerdos

A veces me pasa, al escuchar música, que comparo la experiencia presente con algún momento en el que difruté de forma especial la canción o la obra que estoy escuchando. Y, al hacer esa comparación, dejo de disfrutar plenamente lo que estoy oyendo. “Ah, sí, es bonito… pero esa vez hace unos años, cuando la escuché de noche en la montaña, sentí cosas que ahora no… en ese momento fue mejor…”.

Y esto nos pasa en muchos aspectos de nuestras vidas. Incluso con la meditación, nos apegamos a experiencias y, en lugar de abrirnos inocentemente a lo que trae este momento, buscamos replicar el pasado, lo que le cierra las puertas al regalo del presente. Hace poco, meditando, me veía persiguiendo una experiencia específica, y pude ver como eso me alejaba de la belleza del momento.

También en las relaciones, puede que nos apeguemos a momentos o a días. Entonces tal vez no podamos ver de manera fresca a nuestra pareja o amigos, pues estaremos comparando su ser actual con un recuerdo y lo mediremos y evaluaremos según se ajuste o no a nuestras expectativas.

Es como si fueramos de paseo a un bosque en el que alguna vez vimos a un pájaro muy hermoso y, esta vez, tratando de encontrarlo de nuevo, ignoráramos todas las flores y mariposas que se cruzan en nuestro camino.

No te pierdas del bosque, que siempre será diferente cada vez que entres en él. Quédate aquí. Los recuerdos pueden ser hermosos, pero lo más sagrado es siempre este momento. No te alejes de él por ir en búsqueda de algo que ya no existe.

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close up of a butterfly